Conforme el tiempo avanza, al parecer se acerca el momento de firmar el acuerdo para que México entre al famoso TPP, acuerdo comercial que involucra a muchas de las economías más grandes y dinámicas del mundo, lo que daría al país la oportunidad de expandir su comercio y, posiblemente, de aumentar el volumen de Inversión Extranjera Directa.

Muchos se oponen a la idea de entrar en dicho acuerdo, ya que ven con temor que el país sea tan poco competitivo en muchas áreas, por lo que se atreven a asegurar que entrando a dicho acuerdo muchas actividades y sectores desaparecerían.

Esas voces ponen como ejemplo algunas de las cosas que se han visto con la entrada en vigor del TLCAN, que cumple 20 años, aduciendo que en este tiempo el tratado no ha logrado revertir la tendencia de la productividad, que ha crecido muy poco y, por lo tanto, no ha sido suficiente para aliviar males como la pobreza.

Prácticamente ninguna de estas voces discordantes ha puesto la mira en el verdadero problema de México, que es la falta de un verdadero espíritu emprendedor y de un compromiso con el país.

El comercio por sí mismo es insuficiente para corregir los males mencionados, en especial cuando el aumento en el volumen exportable se hace con base en inversión extranjera y utilizando un porcentaje importado muy elevado de componentes de los productos que se exportan.

Ni qué decir del caso de la exportación de petróleo crudo o de productos agropecuarios sin procesar, cuyo valor agregado es mínimo y, por lo tanto, el efecto del aumento en el comercio de los referidos insumos tiene un impacto limitado sobre el bienestar de las familias.

Muchos productores nacionales simplemente cerraron sus plantas cuando se decidió abrir la economía, para dedicarse a importar y vender productos que en el país eran más caros que los procedentes del extranjero, situación que resultó muy cómoda y, prácticamente, sin riesgos, sobre todo cuando se puso de moda tener listas y padrones de importadores autorizados y protegidos por la ley.

Si no hay inversionistas mexicanos que estén dispuestos a arriesgar para producir en el país y competir con las importaciones, difícilmente la firma de un nuevo acuerdo podrá lograr que mejore la competitividad y los ingresos de los mexicanos.

Para colmo, el país es el paraíso para la piratería, el contrabando, la evasión de impuestos y la informalidad, junto con la falta de protección de los derechos de propiedad y leyes que siguen protegiendo a determinados sectores para no poder recibir inversión extranjera.

Si a lo anterior añadimos la inseguridad que prevalece, la lentitud con que procede el Poder Judicial en la procuración de justicia, la corrupción y la falta de competencia, lo que seguramente veremos en el país será una mayor concentración de la riqueza y el predominio de la pobreza en las mayorías, ya que no habrá forma de poder acercar a estas mayorías a los beneficios del crecimiento.

Esta claro, entonces, que el comercio, por sí mismo, no puede lograr crecimiento y competitividad, y menos sin un gobierno convencido.

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