De manera histórica, las sociedades sedentarias han tenido la necesidad de producir bienes y servicios para su subsistencia, así como intercambiar sus excedentes por otros bienes que no pueden producir eficientemente de manera local. Por lo tanto, la demanda global de alimentos es en esencia el motor del comercio agroalimentario nacional e internacional.

El comercio agroalimentario internacional se basa en el intercambio de productos que no se generan de manera local, ya sea por la ausencia de potencial productivo territorial, las variaciones extremas de las estaciones climatológicas o por condiciones de competitividad.

Las relaciones comerciales agroalimentarias buscan intercambiar insumos y bienes de consumo final; sin embargo, resulta imposible separar la transferencia de servicios y precios de los alimentos. La influencia internacional, generada a través del comercio, es un efecto colateral que si bien no se puede evitar, puede ser mitigado con la participación en mercados de físicos y futuros, así como puede llegar a ser benéfica al incorporar las experiencias y tecnologías de otros países a los procesos locales.

El comercio internacional genera oportunidades para la diversificación de la producción, expansión de la demanda y acceso a mercados de mayor valor económico, por lo que el intercambio de experiencia, conocimiento y tecnología con otros países debe ser aprovechado para incrementar las habilidades productivas y competitividad de productores y empresas agroalimentarias nacionales.

Entre otros beneficios, la adopción de conocimientos e innovaciones tecnológicas contribuyen a la optimización de costos de producción, incremento en productividad, competitividad e ingresos, por la comercialización de los bienes.

Para aprovechar los beneficios del comercio internacional, resulta imprescindible que las regiones exportadoras integren a productores, servicios técnico-logísticos, así como a agroempresas transformadoras y empacadoras, a través de inversiones públicas y privadas que desarrollen infraestructura de almacenamiento, transporte e información. La integración regional favorece la generación de clústeres o polos de desarrollo que potencializan el impacto del comercio internacional, la derrama económica y el desarrollo económico regional.

La participación de la inversión pública, además de favorecer el desarrollo de infraestructura y transferencia de conocimientos y tecnología, debe estar orientada al ordenamiento del mercado, buscando un equilibrio entre la producción orientada al mercado doméstico y a la exportación.

En México, se producen cultivos que ocupan los primeros lugares entre las exportaciones internacionales agropecuarias. Entre el 2007 y el 2012, se destacan el jitomate, aguacate, cebolla, sandía, espárragos, mango, guayaba, papaya, coles de bruselas y cerveza, por el valor comercializado, mientras que por el volumen de exportaciones destacaron el chile, frambuesa, zarzamora y limón.

En la siguiente entrega se analizará el comportamiento de las cadenas agroalimentarias nacionales que ocupan los primeros lugares a nivel internacional por su valor y volumen de exportación; así como el centro de origen donde se producen dichas cadenas alimentarias.

*/Luis Daniel Núñez Guzmán es Especialista de la Subdirección de Diseño de Programas en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. dnunez@fira.gob.mx