Durante los días 4, 5 y 6 de diciembre se lleva a cabo en París el simposio Comer en la ciudad, organizado por la Cátedra Unesco Alimentaciones del mundo y por el Observatorio CNIEL de Hábitos Alimentarios.

Este evento convoca a especialistas de socioantropología de la alimentación para que a partir de esta perspectiva se pongan sobre la mesa los análisis pertinentes acerca de los principales retos que implica la alimentación de los habitantes de las grandes ciudades de América Latina, Asia y África.

Cuando se habla de la alimentación de los habitantes de grandes ciudades, se tiende a generalizar que se ha pasado a un modelo de alimentación “occidental” que hoy tiene en muchas ocasiones una connotación peyorativa. En la práctica, vemos que existe una diversidad de maneras de alimentarse en las ciudades, que responde a lógicas diferenciadas. Todos estos estilos alimentarios poseen diferentes problemáticas relacionadas, por ejemplo, con el estado de salud y nutrición, así como con la lógica de mercados que cambiarían los productos más disponibles.

Además, hoy se tiene el reto en el que la alimentación debe ser sustentable y responder a los desafíos ecológicos que nuestro planeta plantea, en parte debido, a la producción intensiva de alimentos. Este efecto no sólo es ecológico, sino que también se ve reflejado en las percepciones que las personas hoy tenemos sobre los alimentos. La desconfianza hacia los alimentos no es un asunto nuevo, ya que es una condición del hombre para poder sobrevivir en un mundo de incertidumbres. Sin embargo, no todas las percepciones se comparten de la misma manera ni tienen la misma fundamentación y/o justificación.

En el marco de este encuentro se analizarán las formas en las que las ciudades van reconfigurando la alimentación, y no sólo con la aparición de “nuevas” comidas, sino también con las maneras de comer y los significados que estos alimentos tienen para los habitantes de las ciudades, que están íntimamente relacionados con las coyunturas que se van presentando a nivel local y global.

Para el caso de México, una servidora presentará un análisis sobre cómo el hecho de comer fuera hoy en día es un asunto cotidiano para millones de habitantes de las ciudades más importantes del país. La alimentación fuera de casa, además de ser una necesidad por las lógicas de las grandes ciudades, toma diferentes connotaciones para sus habitantes. Dentro de estas connotaciones encontramos que existe una dimensión patrimonial, en la que las personas asociamos algunas comidas que usualmente se comen en el exterior como parte del hecho de “comer mexicano” o de “auténtica comida mexicana”. Sin embargo, esta dimensión entra en conflicto cuando se toman en cuenta consideraciones médicas o de salud. De esta forma, las personas constantemente oponen lo que se considera mexicano con la noción de salud.

Dicho en otras palabras, es como si los tacos, tortas, tamales y pozole tuvieran una reputación negativa cuando se toma en cuenta sólo la dimensión de salud, pero ésta percepción es positiva cuando hablan de una identidad compartida. Cuando los discursos del sector de salud que se encargan de difundir mensajes sobre la obesidad con el número de tacos que uno tiene que comer, pero por el otro lado, se realizan estrategias de valorización del patrimonio alimentario con miras a la explotación turística, algo anda mal en la coherencia de los mensajes. Alimentarse en la ciudad es un hecho complejo con múltiples variables que impactan en la población, más allá de considerar a la alimentación sólo por su contenido calórico o nutrimental.

Twitter: @Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.