Las empresas avanzan en su responsabilidad social, enfocadas en iniciativas vinculadas a los impactos de operación, y generalmente de manera individual, esto es, por sí mismas, sin incluir otras entidades ya sean de su cadena de valor, del sector o del conjunto de la iniciativa privada. En el caso de aquellos impactos que forman parte de desafíos estructurales, como la educación o la lucha contra el cambio climático, se pone de manifiesto la necesidad de desarrollar proyectos colaborativos, que van más allá de las sinergias entre los aportes de cada integrante.

En el planteamiento de estas iniciativas, los miembros comparten un propósito común, con un esquema de toma de decisiones en que prima la transparencia. la ejecución corre a cargo de personal designado por los miembros y/o equipo propio de la iniciativa. Los modelos de equilibrio entre los integrantes pueden variar entre los extremos de la existencia de entidad central que ejerce como líder y el esquema holístico, este último siguiendo el enfoque blockchain.

Nos encontramos ante una nueva frontera en la creación de valor, intrínsecamente vinculada a la innovación y relacionada con la atención a las temáticas globales más urgentes, gran parte de ellas incluidas en la Agenda 2030 definida por las Naciones Unidas, en la cual los Objetivos de Desarrollo Sostenible constituyen el principal exponente. Los proyectos colaborativos suponen llevar la relación con los grupos de interés al siguiente nivel, a una participación integral en las iniciativas, incluyendo el codiseño de las mismas.

En el marco de la Agenda 2030, se llama a la colaboración de empresas, organizaciones sociales y administraciones públicas, pero también en el seno de cada grupo. En el caso de las empresas, los primeros pasos se suelen dar entre una compañía y aquellas que forman parte de su cadena de valor con proyectos de desarrollo empresarial con criterios socioambientales; es también el caso a nivel sectorial en el marco de gremios, por ejemplo, en el desarrollo de estándares comunes. En el caso de las organizaciones sociales, la colaboración entre sí es cada vez más importante ante la competencia en el acceso a financiamiento. Por otra parte, en las administraciones públicas, es más común el relacionamiento.

¿Y qué ocurre con la relación entre los tres? Las empresas y organizaciones sociales vienen trabajando con la implementación por estas últimas de iniciativas de inversión social de las corporaciones. existen casos más avanzados como la construcción de cadenas híbridas de valor, en que las organizaciones se integran en la gestión como proveedores del core business. Las relaciones entre empresas y administraciones públicas se basan en esquemas como las alianzas público privadas; igualmente entre administraciones y organizaciones sociales existe una relación histórica en aspectos como la financiación al desarrollo.

Éstos son los esquemas de colaboración que han construido el escenario actual, pero ante la acuciante necesidad de abordar los grandes desafíos de nuestra sociedad, en la cuenta atrás en que estamos inmersos, se hace necesario buscar nuevas opciones, con el potencial de la innovación. Desde la misma concepción de cada iniciativa se hace necesario buscar este enfoque colectivo, multiactor e integrar su participación en el diseño, así como dotar a la implementación de instrumentos de monitoreo y evaluación.

Para una empresa esto supera a la responsabilidad social; ha de integrarse en el negocio con soluciones sostenibles en el tiempo. Ése es uno de los beneficios que obtiene, junto al acceso a nuevas redes, a información, conocimiento e infraestructura, una asunción compartida del riesgo y mayor alcance de la transformación social buscada. Para los más escépticos en el sector empresarial es importante notar esta relación, en una rápida mirada al poder de la colaboración con propósito enraizado en la sustentabilidad.

*Mánager de Sustentabilidad en Valora Americas.