Todos creemos que pagamos muchos impuestos, demasiados impuestos y más impuestos que el vecino, pero lo que nos dicen a nivel comparativo es que pagamos poco .

Cuando leí esta declaración estaba seguro de que se trataba de otra más dentro de la estrategia de darse a conocer a como dé lugar de Ernesto Cordero. Pero no, en esta ocasión no fue el titular de la Secretaría de Hacienda, sino uno de sus subalternos. El subsecretario de Ingresos de esa dependencia, José Antonio González Anaya.

Con esta declaración pasa lo mismo que con el tema del poder de compra del salario mínimo: es verdadera en el papel y con la calculadora en mano. Pero en el caso de los salarios con todo y su incremento real siguen comprando muy poco, y en el caso de los impuestos ignora la disparidad en el pago y la calidad de los servicios recibidos a cambio.

Basta que cualquier asalariado le eche un ojo a su recibo de pago y vea cuánto gana y cuánto recibe después de que le quitan impuestos para que pegue el grito en el cielo con estas declaraciones.

Claro que si la comparación es con base en los promedios, entonces sí es correcta la apreciación del funcionario. Pero lo que tienen que aprender los técnicos en posiciones políticas es que los promedios no sirven para hacer declaraciones a la prensa.

Porque, efectivamente, si un contribuyente cautivo ve desaparecer de su ingreso 30% por concepto del Impuesto Sobre la Renta y alguien que vive en la economía informal paga 0% de impuestos, la autoridad nos puede decir, con la calculadora en mano, que los mexicanos pagamos en promedio 15% de impuestos y que eso es bien poquito.

Igual con el Impuesto al Valor Agregado (IVA). Nos pueden argumentar que en la economía formal pagamos 16% de este impuesto, pero el contrabando, la piratería y la mercancía robada paga una tasa 0%, lo que en promedio arroja un IVA de 8 por ciento.

El resultado es: contribuyentes excesivamente gravados, grandes evasiones fiscales y una recaudación de impuestos que difícilmente rebasa 10% del Producto Interno Bruto.

Entonces, ante la afirmación de que si los mexicanos pagamos poco pero nos quejamos mucho, la respuesta es muy sencilla: depende de si el mexicano en cuestión está del lado de la economía formal o la informal.

Pero bueno, dejemos esta discusión que puede Hacienda rebatir con tablas de cargas tributarias de otros países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para demostrar que hay otros terrícolas que pagan mucho más que nosotros.

Aquí está un argumento que es muy difícil de rebatir: ¿qué clase de servicios recibimos a cambio de de nuestros impuestos?

Porque si en la tabla de la OCDE nos van a comparar con un finlandés que paga en promedio 60% de sus ingresos en impuestos, un alemán con cargas similares a la mexicana o un estadounidense que de hecho paga menos, la respuesta obligada es ¿tenemos servicios como en Helsinki, Berlín o Nueva York?

Más allá del grosero y opaco manejo presupuestal que hacen los estados y los municipios de los recursos públicos y de la manera como los legisladores y funcionarios públicos se despachan enormes bonos y prestaciones que nadie más tiene. Hay que ver qué servicios de salud, educación, infraestructura tenemos con lo que pagamos.

No son pocos los mexicanos que además de entrarle con 30% de impuestos tienen que pagar servicios médicos particulares, escuelas privadas, rejas y protecciones contra la delincuencia, además de reponer las llantas que se rompen en los miles de baches de las calles porque los servicios del Estado son de mala calidad o insuficientes.

Entonces, si un finlandés resuelve sus necesidades con 60% de impuestos y tiene todos los servicios y mexicano no, por eso no hay una comparación válida.

La primera piedra

No creo que tenga que venir la Asociación Latinoamericana y del Caribe del Transporte Aéreo a decirnos que en México están caros los boletos de avión por lo ineficiente del mercado de la aviación, la existencia de monopolios en aeropuertos y en la venta de turbosina.

Sí es bueno conocer el análisis comparativo de México con el resto de América Latina para conocer que la aviación mexicana tiene un retraso notable.

Lo que padecemos es esto. Si usted se quisiera ir mañana a Reynosa, Tamaulipas, tendría que pagar 11,364 pesos por un vuelo redondo, pero si optara mejor por ir a Nueva York tendría que pagar la mitad: 5,364 pesos, redondo y ya con impuestos incluidos. Así está la cosa.