¿Por qué en México no hemos visto manifestaciones masivas de ciudadanos contra la violencia del narco?

La sociedad mexicana se ha recluido en el miedo, en el cinismo, en su inefectividad, en un cómodo espacio donde el narco no nos atañe y el gobierno es el único responsable de su combate y castigo.

Tiene razón Felipe Calderón cuando se lamenta por no ver al lado del gobierno a una sociedad que condena activamente al crimen organizado. Tiene razón, también culpa.

Claramente los ciudadanos no estamos del lado del narcotráfico, ¿pero podemos afirmar sin un solo pero que estamos del lado del Estado? Difícilmente.

La separación entre gobierno y criminales se nos nubla porque repetidamente vemos que quienes desde el primero tendrían que aplicar la ley, trabajan para los segundos.

Tampoco vemos en el gobierno la puerta para acceder a la justicia y la seguridad. Felipe Calderón nos ha pedido apoyar sin cuestionamientos su defensa de la ley contra el narcotráfico, mientras al mismo tiempo, nos ha negado certeza jurídica y ha cerrado los ojos a los casos documentados de violación de derechos humanos por parte de militares.

Tamaulipas nos pone en un lugar incómodo..

Por un lado, atestiguamos cómo el crimen organizado asesinó a Rodolfo Torre Cantú, candidato del PRI al gobierno del estado, atentando directamente contra el acto democrático más elemental: el voto.

Por el otro lado, también hemos sido testigos de la muerte de Brayan y Martín Almazán a manos del ejército, de la manipulación de datos y evidencias por parte de soldados y la propia Sedena ( documentados perfectamente en la recomendación de la CNDH). Hemos visto también como el Secretario de Gobernación hace abierta mofa de la defensa de derechos humanos y llama a quienes cuestionan las acciones del gobierno federal, "tontos útiles" al servicio, involuntario, del crimen organizado.

Seguimos también en espera de la implementación de la reforma al sistema penal de justicia que permitiría cosas tan elementales como que los acusados conozcan al juez que decide su caso, o que el Ministerio Público deje de jugar de facto el doble papel de juez y parte.

El gobierno mexicano nos ha negado la oportunidad de contar con las herramientas para apoyarlo, sin cuestionamientos, en su combate al narcotráfico.

No obstante, creo que hay aquí un falso dilema. Los ciudadanos no estamos confundidos entre el narco y el gobierno. Los ciudadanos estamos de un solo lado: la ley y en ella tendríamos que encontrarnos con el Estado.

Porque desde la ley condenamos al narcotráfico, acotamos al gobierno, y encontramos un espacio que nos provee seguridad, respeto a nuestros derechos humanos y el ejercicio democrático de nuestra ciudadanía.

No hay ya espacio para el silencio y el acalambramiento.

El domingo los tamaulipecos saldrán a votar y en ese simple acto mandarán un poderoso mensaje a quienes usan la violencia como voz.

¿Y nosotros?

Es momento de hacer nuestra parte. Recuperar el espacio público, salir a la calle, como en su momento lo hicieron colombianos y españoles, a condenar la violencia y el terror.

Decirle al narco que en el país democrático que queremos construir no tienen cabida. Apostarnos al lado del gobierno, al tiempo que lo obligamos a rendirnos cuentas y somos implacables ante sus abusos. Entender finalmente que el Estado somos nosotros, convertirnos pues en ciudadanos por la ley.

¿Es romanticismo de mi parte? Es posible, pero lo prefiero al miedo y/o el cinismo.