Si tomamos como referencia el mercado estadounidense de fondos de inversión, hemos podido identificar cinco grandes lecciones a lo largo de estos últimos años.

1. La primera gran lección es que nada es permanente. Si miramos cuales eran las 10 mayores gestoras estadounidenses en el año 1986 y las comparamos con las 10 mayores compañías de la actualidad, llegamos a la conclusión de que pocas han sobrevivido.

2. Otra lección que podemos sacar de lo ocurrido en Estados Unidos a lo largo de estos últimos años es que las predicciones raramente se cumplen. Allá por finales de los años 80 los analistas preveían que los bancos iban a dominar la industria porque controlaban la distribución o que los fondos pasivos iban a desbancar a los fondos de gestión activa. Pero nada de eso ocurrió (por lo menos en Estados Unidos). Es cierto que las hay de gestión pasiva como Vanguard, iShares o State Street que han triunfado, pero no es menos cierto que compañías como Fidelity o Pimco han conseguido hacerse un hueco importante en la industria.

3. La tercera lección es que el cambio no es aleatorio. Hay elementos comunes que caracterizan a los perdedores (arquitectura cerrada, altas comisiones, enfoque a corto plazo, etcétera) y elementos comunes entre los ganadores (arquitectura abierta, bajas comisiones, enfoque a largo plazo, etcétera).

4. La cuarta lección es que lo que cuenta en definitiva no es la rentabilidad del fondo en sí, sino la del inversionista. Un fondo puede presentar una buena rentabilidad a lo largo de un determinado periodo, pero si los partícipes compran y venden en los peores momentos, la rentabilidad media que obtiene el inversionista en ese fondo será sustancialmente más baja. Y precisamente son aquellas gestoras que han sabido cuidar al inversionista de largo plazo las que han perdurado en el tiempo.

5. La mayor lección del análisis de la industria estadounidense es que quedan muchas cosas por mejorar. Tenemos que combatir, por ejemplo, la tendencia que tiene el pequeño financiero a comprar caro y vender barato o a guiarse exclusivamente por las rentabilidades a corto plazo; pero la propia industria también tiene deberes que hacer: los gestores suelen asumir riesgos que ellos mismo no tomarían con su propio patrimonio y las gestoras lanzan productos que ni sus propios empleados comprarían. Todos tenemos en definitiva que corregir ciertas prácticas o comportamientos para que la industria en su totalidad sea más fuerte en el futuro.

* Fernando Luque es editor de Morningstar publica artículos en Inversión, Economía del ABC y el diario Negocio en España. fondos@eleconomista.mx