La discusión sobre los montos destinados a la inversión en Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I) debe ser un tema central en la próxima campaña presidencial. Existe una relación directa entre la cantidad de recursos que se destine a la misma y el avance en los niveles de desarrollo de un país.

Por décadas, el tema en México ha sido relegado por los partidos, los políticos, los funcionarios públicos y los empresarios, mientras que en otros países se asume como una prioridad nacional y es tema central del debate nacional.

Los recursos del Ramo 38 (Ciencia y Tecnología) se han mantenido en un porcentaje que equivale a 0.43% del Producto Interno Bruto (PIB) en los últimos veinte años, mientras que en la región Brasil destina ya al mismo rubro 1.2 por ciento.

La cantidad absoluta crece y pasó de 7,000 millones de pesos en el presupuesto del 2006 a 21,000 millones en el 2012, pero no aumenta el porcentaje, que se mantiene prácticamente igual en las dos últimas décadas.

Los 27 países de la Unión Europea (UE) invierten en promedio 2% del PIB en I+D+I. Estos países necesitaron una década para pasar de 1.86% a la cantidad actual. Ellos reconocen que en 10 años apenas elevaron el porcentaje en 0.15% y su meta es llegar a 3 por ciento.

El caso de China es bien distinto y en sólo cuatro años pasó de 1.3% del PIB a 1.5 por ciento. En este tiempo tuvo un crecimiento de 0.20% anual. De seguir la tendencia, ese país será en los próximos años uno de los que más invierta.

Estados Unidos, todavía la primera economía mundial, destina 2.7% del PIB a la I+D+I y en el caso de Japón, la cantidad llega a 3.4%, que es una de las más altas del mundo. La de España, país con el que podríamos compararnos, es de 1.37 por ciento.

México nunca podrá ser un país desarrollado mientras no invierta mayores recursos en I+D+I. Urge poner mayor atención al tema. Países que estaban atrás lo han rebasado con una política consistente de aumento del porcentaje destinado a ese rubro.

El gobierno debe jugar el papel que le corresponda, pero también lo tienen que hacer las universidades (públicas y privadas) y las empresas (públicas y privadas). La inversión, que no gasto, en I+D+I reditúa con creces.

La meta del próximo gobierno debería ser pasar de 0.43% del PIB a 1.63% en seis años. Se puede lograr a un ritmo de crecimiento de 0.20% anual. Es una cantidad posible y lo único que se requiere es voluntad política.

El próximo gobierno debe proponerse como una de sus prioridades construir, en una gran discusión nacional, el Plan Nacional de I+D+I. El avance de su seguimiento debería ser tema de la discusión nacional.

En la economía del conocimiento, lo que el país necesita para poder inscribirse en ella es de más ingenieros en todas su ramas y también más mujeres y hombres en el campo de las ciencias exactas. El país requiere fortalecer los centros de investigación existentes, pero crear todavía más.

Twitter: @RubenAguilar