Los mercados emergentes enfrentan un período de adversidad producto de varios factores que se pueden clasificar en tres grandes grupos. Variados problemas internos que los afectan individualmente, el efecto contagio por la desilusión de los grandes emergentes y condiciones externas menos favorables. En éste último, un sub-factor preponderante es China, por su importancia en los precios de las materias primas y su peso en la economía global.

La economía china está pasando por un tramo complicado en el camino desde una base en las exportaciones y la inversión hacia una mayor participación de la demanda interna. Desde 2012 se comenzó la implementación de una agenda de reformas estructurales. Entre los objetivos están una mayor apertura del mercado de capitales y más participación del sector privado.

El efecto -previsible- ha sido una desaceleración estructural (que se ha combinado recientemente con una cíclica), llevando el crecimiento de PIB de dos dígitos de hace menos de 5 años atrás (un promedio de más de 11% anual entre 2005 y 2010) a los niveles proyectados para este año de alrededor de 7.5 por ciento.

Esto está relacionado con la economía global, por supuesto, pero también con ajustes -necesarios- internos como el del crédito, para evitar explosiones de burbujas. La probabilidad de un "aterrizaje forzoso" de la economía china es baja, considerando que i) las decisiones de política económica son tomadas de manera centralizada; ii) un alto nivel de ahorro del país; iii) la no dependencia en flujos de capital externo. En el largo plazo, es de esperar que China logre el re-balanceo económico con un crecimiento sostenible.

En el último tiempo, las acciones chinas han sucumbido al sentimiento negativo hacia los mercados de economías emergentes, aunque no en la magnitud de los "frágiles" (Rusia, Brasil, India, Indonesia y Sudáfrica). La debilidad de las acciones chinas también tiene que ver con una alta exposición de los índices tradicionales al sector financiero, que tienen a su vez una alta participación del gobierno.

Sin embargo, las valorizaciones comienzan a reflejar oportunidades de compra, en términos absolutos y relativos. Considerando el índice MSCI, China transa a 8.4 veces precio/utilidad estimada a 12 meses, significativamente más bajo que su promedio histórico y que sus pares emergentes (10 veces), con una tasa de dividendos de 3.8 por ciento.

Cabe mencionar que prevalecen las presiones sobre China y el resto de mercados emergentes y el análisis técnico evidencia la falta de momentum. Aunque parece que lo negativo ya estaría incorporado en los precios.