Han pasado menos de 10 años desde que en los mercados se aseguraba que las autoridades chinas maquillaban las cifras de crecimiento para esconder la realidad de que se expandían por arriba de 12 o 13% al año.

Los temores se mantienen, pero ahora a la inversa, hay la idea fundamentada de que hoy el gobierno central no reporta el tamaño real de la caída que sufre esta economía, que literalmente mueve al mundo.

No hay duda de que Occidente se ha hecho de la vista gorda con muchas de las cosas que pasan en China y que no perdona en otras naciones con menor poder. Desde violaciones a los derechos humanos, la protección a países como Corea del Norte, hasta medidas comerciales tramposas.

Pero China tiene la suficiente cantidad de militares y un número más que considerable de inversiones como para que hasta Estados Unidos se lo piense dos veces antes de reclamar lo que sea al gobierno de Beijing.

La medición económica del Producto Interno Bruto chino tiene un enorme ruido político, porque es el equivalente a la estrella roja del éxito. Además, cada provincia hace un reporte que envía a Beijing y ahí también se sospecha de maquillaje para quedar bien en la competencia interna. Y justo ahora que el centro de la turbulencia tiene epicentro en la economía china, llega la cifra justa para confirmar su desaceleración. Pero, al mismo tiempo, el número exacto que no indique una caída mucho mayor.

Es normal y hasta deseable que cualquier ciclo económico tenga sus picos y sus valles, y más cuando se trata de un país de más de 1,300 millones de habitantes. Lo que realmente preocupa es que el modelo económico que llevó a China hasta donde está se haya agotado, sin que exista una alternativa que sustituya lo hecho hasta hoy.

¿Por qué las fábricas de autos salieron de Detroit en Estados Unidos para irse muchas de ellas a China (o a México)?, porque el costo de la mano de obra se había elevado tanto que resultaba menos rentable para los fabricantes.

Decían las leyendas de finales del siglo pasado que en China los obreros de las maquiladoras trabajaban por un plato de arroz y dormían en los galerones de producción. Hoy los chinos que trabajan en la industria de alto valor agregado quieren auto del año, artículos de lujo y un departamento cómodo en las grandes ciudades.

Si entran tantos recursos financieros externos es inevitable que haya una revaluación. Si tienen tanto éxito los productos exportados, imposible que no mejoren los ingresos. Fortuna económica que crezcan los enanos, pero eso requiere estar preparado para un cambio de maquilador a consumidor.

Por lo pronto, tras el dato publicado esta semana, los mercados le han querido creer a la autoridad china y se han tomado un respiro en la debacle. Pero ya llegará la terca realidad del mercado de materias primas, los datos de producción industrial y otros indicadores globales más confiables, que avalarán o no lo que hoy nos dice el gobierno central chino.

Hay algo más que los mercados esperan y es que con todo y el resultado en línea con las expectativas, pudieran las autoridades financieras y monetarias chinas implementar, por si las dudas, más estímulos para acelerar el crecimiento. Y eso vaya que le gusta a los mercados.