La pandemia del Covid-19 impulsó un cambio de gran alcance hacia el teletrabajo en todo Occidente. Pero China no ha seguido su ejemplo, a pesar de que los beneficios sociales y ambientales serían mucho mayores que en Estados Unidos y Europa.

CHICAGO – Antes de la pandemia, las empresas y los trabajadores en todo el mundo utilizaban los correos electrónicos y las llamadas en conferencia para reducir los costos de las comunicaciones. Pero una falta de coordinación hacía que el uso de estas tecnologías resultara extremadamente difícil.

Enviar un email era fácil, pero no había ninguna garantía de cuándo la otra persona iría a responder. La gente era reacia a romper con viejos hábitos. Tener una reunión virtual podía ser interpretado por los participantes como que el tema no era particularmente importante. En términos más generales, la baja demanda desalentó el desarrollo de productos y muchas aplicaciones laborales dejaban mucho que desear.

Al obligar a sectores económicos enteros a trabajar de manera virtual, la pandemia del Covid-19 ha resuelto muchos de estos problemas de coordinación que existían antes. Todos en estos sectores han tenido que invertir en nuevas tecnologías y aprender a usarlas. Y con todos en el mismo bote, ya no hay ningún riesgo de que una reunión virtual sea interpretada de manera negativa. Mejor aún, cada semana que pasa, las aplicaciones laborales son cada vez más fáciles de usar.

En Estados Unidos, empresas como Google y agencias de gobierno como la Reserva Federal han adoptado espacios de trabajo virtuales y anunciaron que una cantidad significativa de sus empleados seguirán trabajando de manera remota después de la pandemia. Tiene sentido: las empresas reducen sus costos inmobiliarios y los empleados ganan más flexibilidad en sus horarios de trabajo y en la elección de dónde vivir. Asimismo, menos personas que viajen diariamente al trabajo implica menos contaminación ambiental y congestión urbana.

En China, por el contrario, muchos sectores han podido funcionar de manera relativamente normal en el transcurso del pasado año. Como resultado de ello, no ha habido ni una mudanza generalizada al trabajo virtual ni mucha discusión sobre nuevos modelos de espacios laborales para la era post-pandemia. Paradójicamente, los beneficios que China corre el riesgo de desaprovechar serían inclusive más ventajosos para su economía que para las de Estados Unidos o Europa.

Por ejemplo, las tecnologías virtuales pueden reducir el costo de vida para muchos trabajadores. Criar niños en las zonas urbanas de China es prohibitivamente caro. En Shanghái, las viviendas residenciales cuestan, en promedio, 1,453 dólares el pie cuadrado en la zona céntrica de la ciudad, pero el salario anual promedio para un empleado de tiempo completo ronda apenas los 12,000 dólares. Peor aún, un profesional típico en estas zonas trabaja con un esquema “9-9-6”: (de nueve de la mañana a nueve de la noche, seis días por semana) –una semana laboral de 72 horas.

Comparémoslo con la ciudad de Nueva York, donde el precio de una vivienda residencial promedia los 1,438 dólares el pie cuadrado, el ingreso anual promedio es de 74,834 dólares y la semana laboral promedio es de 43 horas. La conclusión es que los residentes urbanos chinos deben trabajar mucho más que sus pares estadounidenses para ganar mucho menos y pagar precios de vivienda similares.

Del mismo modo, los padres urbanos chinos también enfrentan una escasez sustancial de tiempo. Como el alumno promedio de escuela primaria en China pasa diecisiete horas por semana haciendo tarea en el hogar y seis horas por semana con tutores, los padres necesitan mucho tiempo para persuadir y monitorear a sus hijos (más aún si tienen que llevarlos a actividades de enriquecimiento o clases particulares).

En esas circunstancias, entonces, para muchos el teletrabajo implicaría una diferencia sustancial.

Asimismo, la contaminación ambiental en la China urbana es peor que casi en cualquier otro país, y costó alrededor de 1.24 millones de vidas en el 2017. Por momentos, la calidad del aire es tan insegura que las escuelas se ven obligadas a cerrar.

En los últimos años, el gobierno chino se ha esforzado por aumentar la fertilidad y reducir la contaminación. En el 2016 reemplazó su política de un solo hijo por una política de dos hijos para todos los chinos urbanos.

Y ya se han implementado otras políticas de apoyo a las familias, como una escolaridad pública y prestaciones de salud pública de bajo costo. A pesar de estas medidas, datos difundidos recientemente indican que la tasa de natalidad del país, particularmente en zonas urbanas, ha caído a su punto más bajo en 50 años.

Para hacer frente a la contaminación, el gobierno ha venido trasladando de manera constante las fábricas que contaminan hacia afuera de las grandes ciudades, y al mismo tiempo aplicando gravámenes a los propietarios de vehículos de todas las maneras posibles. Un litro de gasolina cuesta alrededor de 1 dólar (casi 4 dólares por galón) en Beijing, comparado con 0.90 dólares en Nueva York.

El costo de una matrícula para conducir en Shanghái es de alrededor de 14,000 dólares, comparado con 25 dólares en Nueva York. Para reducir aún más el uso de automóviles, China ha invertido más de 1.3 billones de dólares desde el año 2000 en vías férreas para construir uno de los mejores sistemas de transporte público urbano del mundo.

Aun así, estas políticas no han sido suficientes para compensar el rápido incremento de chinos urbanos que pueden darse el lujo de tener un auto y quieren usarlo para ir a trabajar. Mientras que el PIB de China creció un promedio del 9.2% por año entre el 2000 y el 2018, su población urbana aumentó de alrededor de 453 millones a 824 millones de habitantes, con seis ciudades chinas con más de diez millones de personas cada una.

Así, promover entornos laborales virtuales puede ayudar a enfrentar los desafíos demográficos y ambientales de China. La razón para una caída en el índice de fertilidad es obvia: criar a un hijo es demasiado costoso. Una mayor cuota de teletrabajo recortaría el costo de criar a un hijo y de la vivienda al permitirles a más familias alejarse aún más del centro de la ciudad.

Los padres, liberados de tener que trasladarse para trabajar, podrían pasar más tiempo con sus hijos. Y una menor circulación para ir a trabajar reduciría la contaminación ambiental.

Las empresas chinas que han experimentado con el teletrabajo han determinado que la productividad para algunos tipos de trabajo es similar no importa dónde se lo realice. Y la pandemia ya ha demostrado muchos de los beneficios ambientales de reducir el traslado al trabajo. Para garantizar que la propiedad de automóviles no aumente en la mudanza post-covid a los suburbios, el gobierno debería expandir las redes de transporte público en estas zonas.

Aumentar la cuota de trabajo virtual podría ser una manera creativa de abordar dos de los mayores problemas de China: la caída de la fertilidad urbana y la calidad del aire. Los responsables de las políticas y las empresas en China deberían permitir que más empleados trabajen de manera remota la mayor cantidad de tiempo posible. Es una estrategia de bajo costo que se puede implementar de manera flexible, según las necesidades individuales de las empresas y de los trabajadores. Los potenciales beneficios económicos y sociales podrían ser inmensos.

El autor

Nancy Qian es profesora de Economía Gerencial y Ciencias de la Decisión en la Escuela de Administración Kellogg de la Universidad Northwestern y directora de China Lab.

Copyright: Project Syndicate, 2020

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