Una guerra comercial es buena y fácil de ganar, dijo Trump hace dos años y no ha cambiado de opinión, a pesar de lo que dicen los libros de historia y los mayores expertos del mundo. China no quiere la guerra comercial, pero no está dispuesta a ceder frente a las presiones de Donald Trump y su equipo. En juego está la hegemonía económica del siglo XXI. Por eso, estamos cada vez más cerca de una guerra económica entre las dos mayores potencias. Lo sabemos porque estamos entrando a un territorio donde lo razonable parece absurdo para los contendientes.

Una guerra comercial y de divisas colocaría a la economía de Estados Unidos en recesión y a China le haría crecer mucho menos de 6%, proyecta UBS. Los analistas del banco suizo añaden que la guerra implicaría una caída de 10 a 15% en las bolsas de valores de Estados Unidos y de 15 a 20% para los mercados de China.

Cuando dos elefantes pelean, el que sufre es el pasto, dice un refrán africano. Es Estados Unidos contra China. Los dos saldrían heridos, pero también el resto del mundo. El enfrentamiento costaría cientos de miles de millones de dólares y provocaría una caída del comercio mundial, además de un desorden generalizado en el mercado de divisas. Habría una desaceleración de la economía mundial y aumentaría el riesgo de una recesión. México es uno de los países que podrían resultar más afectados, en caso de un agravamiento del conflicto.

¿De qué tamaño sería el daño? Mucho depende del tiempo que dure el conflicto y de las armas que utilicen los contendientes. Una de las razones por las que los mercados reaccionaron con tanto nerviosismo es el tuit de Trump prometiendo apoyos a los agricultores de su país en el 2020. Eso parece indicar que el mandatario incrementará la tensión y la usará como argumento para su campaña de reelección el año próximo. Los mensajes de China tampoco sirvieron para calmar las aguas. Fue la suspensión de compras de bienes agrícolas de Estados Unidos; la devaluación del yuan más los mensajes de su Banco Central. Presagia que la guerra comercial será también financiera y seguramente algo más. China es el mayor tenedor de deuda de Estados Unidos y el mayor mercado para algunas firmas como Boeing y Apple, pero además tiene el control de un insumo crucial: las tierras raras, vitales para la producción de los semiconductores y la industria electrónica.

En los últimos días, tuvimos un aviso de lo que pasará, si el conflicto no encuentra una solución. Las escaramuzas entre China y Estados Unidos pegaron a los mercados de Nueva York y Shanghai, pero afectaron, quizá, con más fuerza a los países emergentes. México sufrió la caída de 6.15 % del precio de la mezcla mexicana del petróleo y la depreciación de más de 2 % del peso. En América Latina, el peso colombiano cayó más de 4% y el real brasileño perdió más de 3 por ciento.

México es vulnerable porque es una economía abierta, donde un tercio de nuestra economía depende del comercio exterior y, en este momento, es extremadamente vulnerable porque la parte más dinámica de nuestra economía es el sector exportador. Es el único que crece a buen ritmo. En otro plano, nuestra vulnerabilidad es geopolítica porque formamos parte del bloque de América del Norte y estamos “condenados” a pelear una guerra que Trump comenzó, pero no podrá ganar. Cuando los elefantes pelean, el peso sufre.

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Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.