Allá crecen menos de 4% y se enciende la autocrítica; en México crecemos en torno a 1% y cultivamos la autocomplacencia.

Quiero que sientan que Chile no es un puñado de estadísticas, sino una patria para vivir , dijo Michelle Bachelet en su discurso con el que asume la presidencia de Chile, por segunda vez. Sebastián Piñera, su antecesor, le entrega un país que creció a una tasa de 5.4% anual promedio en los cuatro años que gobernó. En el mismo periodo tuvo 800,000 empleos creados y se mantuvo a la cabeza de Latinoamérica en el ranking de competitividad.

Cada banda presidencial trae sus letras chiquitas. Piñera entrega una economía que crece a menos de 3%, con un boom minero agotado tras el fin del ciclo de altos precios del cobre, y tres años consecutivos de descenso en competitividad global. Ahora es el número 34, muy lejos del 22 que ocupó en el 2004.

Las evaluaciones mundiales le reconocen la calidad de su policía; la solidez de la banca y capacidad para retener el talento propio. Las peores calificaciones se refieren a la concentración de los mercados y la baja presencia de las mujeres en el mercado laboral.

Chile tiene un gran enemigo, la desigualdad , dijo Bachelet en su toma de posesión. La referencia a este asunto es más que retórica. Es el país latinoamericano más exitoso en la reducción de la pobreza extrema. Pasó de 40 a 15%, desde el fin de la dictadura hasta ahora, pero la desigualdad no se ha reducido. Se ha petrificado, se ha vuelto estructural.

La mayor concentración de la riqueza está en la parte más alta del primer decil, concluye un estudio reciente de López, Figueroa y Gutiérrez, de la Universidad de Chile. El 1% más rico concentra 30% de los ingresos. Al 0.01%, 10% del total. Estos niveles de concentración frenan el crecimiento y amenazan la estabilidad política, afirman los autores de este trabajo que debería replicarse en México. (Aquí se usa el primer decil para explicar la concentración, cuando este decil agrupa las personas que ganan 10 salarios mínimos y los billonarios de Forbes.)

Bachelet ha anunciado 50 medidas. Propone una reforma educativa y una reforma fiscal, ambas con una clara vocación redistributiva. Soy producto de la educación pública y sé lo que ella significa , dijo Bachelet. Ella es una pediatra, que fue ministra de Salud, reconocida por su eficacia y con una popularidad superior a 70%; ahora tendrá el control del legislativo que no tuvo en su primer periodo, del 2006 al 2010.

La reforma fiscal pretende elevar la captación de impuestos desde 20% del PIB hasta 23 o 24%; para ejecutarla, tendrá como ministro de Hacienda a Alberto Arenas, un economista que hizo su tesis de doctorado en Pittsburgh con una crítica sobre la privatización del sistema de pensiones. Chile inventó el esquema que México adoptó en los noventa, con las afores.

La toma de posesión de Bachelet es un buen pretexto para hablar de Chile, uno de nuestro socios comerciales más importantes gracias a un TLC que se firmó en 1999. El comercio bilateral suma 4,500 millones de dólares anuales. México y Chile son los dos polos de un eje liberal americano, opuesto a la constelación más orientada a la izquierda, en torno a Brasil o Venezuela. Somos muchos los que admiramos a ese país, el que más ha avanzado en AL en los últimos cinco lustros en economía, sociedad y desarrollo democrático. Allá crecer menos de 4% enciende la autocrítica. Acá crecemos en torno a 1% y cultivamos la autocomplacencia.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx