Washington es una ciudad maravillosa donde es difícil distinguir ficción y realidad. El tope de la deuda federal es el tema de moda que pone a prueba las capacidades histriónicas de sus principales actores. Este lunes, el gobierno estadounidense fue forzado a suspender transitoriamente la emisión de deuda al alcanzarse el tope de 14.3 trillones de dólares de deuda pública autorizados por el Congreso. Asunto que no es menor, ya que este año se proyecta financiar con este instrumento 40 centavos de cada dólar de deuda pública. El Tesoro, con una serie de ajustes, estima poder mantener al gobierno operando normalmente hasta el próximo 2 de agosto, si para entonces no se ha autorizado un incremento de este tope de deuda se disparará una nueva fase de inestabilidad de la economía y de los mercados financieros globales.

Las negociaciones en el Congreso siguen atoradas. El ala radical del Partido Republicano en control de la Cámara de Representantes bloquea el incremento del tope de deuda como chantaje a la Casa Blanca y al Senado para que acepten su agenda de consolidación fiscal fundada en el recorte de programas sociales y bajos impuestos. Piensan que tienen a Obama contra las cuerdas y van por el nocaut. En cambio, el Presidente impulsa su proyecto de consolidación basado en topes al gasto discrecional no de defensa, reducciones de gastos fiscales (exenciones) y/o incrementos a las tasas de impuestos de los ricos. Apuesta a que, como cobardes (chickens), los republicanos no mantendrán la amenaza hasta el final.

La situación me recuerda una escena de la película Rebelde sin causa en la que dos perturbados adolescentes se enfrentan en el juego Chicken Run. En la película, Jim y Buzz marchan a toda velocidad hacia un precipicio en coches robados. En orden de preferencia los resultados son: i) la victoria cuando el contrario salta del coche antes que uno, revelándose como un cobarde; ii) un embarazoso empate si saltan al mismo tiempo, y iii) un espantoso desastre cuando los dos caen al abismo. Si cooperación o acuerdo dominante es intentar saltar al último arriesgando el desastre, ¿cuál sería este desastre en el juego del tope?

Agotados los recursos de emergencia, el gobierno deberá recortar 40% del gasto público en alguna combinación de lo siguiente: a) el gasto discrecional; b) la seguridad social, y c) el servicio de la deuda. Esta última opción seguramente formará parte de cualquier solución. La nación más poderosa del planeta se verá obligada a incumplir o reestructurar el servicio de su deuda. La mayor y más líquida del mundo, base de las reservas de los bancos centrales del mundo y referencia fundamental en la valuación de otros activos financieros. El abismo será un nuevo colapso de la economía y de los mercados financieros mundiales. Las otras opciones tampoco son buenas: incumplir o reducir el pago de las pensiones, suspender los servicios médicos de los mayores y recortar el gasto discrecional. El resultado: un tremendo choque negativo de demanda y de nuevo otra recesión.

La buena noticia es que esto no ocurrirá en el mundo real. Son tan malos los resultados que seguramente se alcanzará algún tipo de acuerdo para aumentar el tope de la deuda antes del 2 de agosto. Así lo descuenta el mercado de bonos, que en medio de tanto ruido se mueve a la alza. Sólo falta saber quién será la gallina. Los republicanos son favoritos.

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