México tiene nuevo presidente electo, Andrés Manuel López Obrador. Su coalición no sólo obtuvo una victoria contundente para la Presidencia, sino arrasó también en las cámaras y en varios de los gobiernos locales que se disputaron nuevos liderazgos.

Estos días y muy probablemente las próximas semanas y meses estarán marcados por un sentimiento de celebración y júbilo entre quienes votaron por él. La luna de miel llegará a su fin, los problemas tan arraigados y complejos sacudirán la euforia y tendrá que gobernar para todos, con una carga muy pesada, las expectativas sobradas de quienes esperan de él y de su gobierno mucho más de lo que pueden y deben dar.

Cuando los padres fundadores de Estados Unidos escribieron sus documentos fundacionales, reconocieron una y otra vez que las personas no somos ángeles, de ahí la necesidad de limitar el poder de quienes gobiernan para evitar cualquier concentración de poder que pudiera derivar en una amenaza para la libertad y la seguridad de los ciudadanos.

También Lord Acton advirtió que el poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. En el nuevo horizonte político de México no sólo varios partidos políticos perderán su registro, lo cual hay que celebrar. Tenemos dos problemas enormes: que Morena se convierte en el nuevo partido hegemónico (como lo fue el PRI durante tantos años) y que no hay nuevas alternativas políticas que ofrezcan lo que tanto urge a México: renovar y repensar completamente un sistema político obsoleto. De este segundo nos haremos cargo.

La mayoría que votó por Andrés Manuel y por Morena le entregaron un cheque en blanco. Concentrarán tanto poder que no tendrán pretextos para no impulsar los cambios que México necesita y que los ciudadanos demandamos, exigimos y proponemos. Lo que AMLO no haga será porque no quiera, no porque no pueda.

Conscientes del poder tan grande que ostentarán y de la casi nula oposición política que enfrentarán en las cámaras, la única posibilidad de contrapeso real recae en nosotros, el pueblo, los ciudadanos, millones de mexicanos que, si queremos salvaguardar nuestras libertades y apostar por un futuro realmente distinto, tendremos que organizarnos como nunca antes para vigilar, exigir y proponer en todos los espacios de gobierno.

He sido muy crítico de AMLO, pues hay mucho en él, sus ideas y parte de su equipo, que no me convence. Sin embargo, mi amor por México es mucho más grande que cualquier diferencia y por eso le deseo el mayor de los éxitos. Lo que nos une es mucho más fuerte que todo lo que nos divide. Construyamos sobre eso. Prometo hacer mi parte, siempre dispuesto a sumar con el mayor entusiasmo.

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.