A siete días de terminar el 20l5, el marcador instalado en el colectivo social nos señala que el narcotraficante más poderoso del planeta: Joaquín Guzmán Loera, conocido como El Chapo, le va ganando la contienda al gobierno federal, merced al golazo que anotó con su inusitada fuga del penal de alta seguridad de La Palma.

Guzmán escapó a las 20 horas con 57 minutos, del ll de julio, por un túnel que se construyó a partir de una vivienda ubicada a un kilometro y medio de la regadera de su celda. (Acostumbrado a bañarse con regadera de presión tuvo que conformarse con una regadera de prisión. Lo mismo le pasó con el paisaje: poseedor de residencias con vista al mar no le quedó más remedio que habitar en una celda con vista al mal)

Increíble la declaración del ex comisionado de Seguridad, Monte Alejandro Rubido, quien expresó que en la cárcel no fueron percibidos los ruidos provocados por la construcción del pasadizo de l,500 metros de largo, un metro 70 centímetros de altura y 80 centímetros de alto; realizado a 20 metros de profundidad, con instalaciones de iluminación y ventilación.

Se calcula que para hacer una obra como de la que aquí hablamos es necesario sacar 3 mil toneladas de tierra que, pese a su cercanía, jamás llamaron la atención de ninguna autoridad del penal.

Ingenieros civiles calificados comentaron que para construir un túnel como el que utilizó el capo se requeriría un mínimo de ocho personas laborando un turno de ocho horas los siete días de la semana durante un mínimo de 500 días. Éste lapso de tiempo resulta muy significativo si se considera que desde que fue detenido -24 de febrero del 20l4- hasta la noche de su fuga en la fecha aludida, El Chapo permaneció en prisión 503 días.

Hace poco más de dos meses, el l6 de octubre, el gobierno federal emitió un comunicado en el que preciso que en días recientes se llevó a cabo un operativo para capturar a Joaquín Guzmán Loera, para evitar su aprehensión, el prófugo realizó una huida precipitada, que de acuerdo con la información recabada, le causó lesiones en una pierna y en el rostro –nada que no pueda aliviarse con un buen fajo de billetes- (Tuvieron la oportunidad de empatar el marcador, lo tenían, era suyo y lo dejaron ir).

Desde luego que el gol anotado por El Señor de los Túneles tuvo una repercusión negativa en el portero del equipo gubernamental: el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, que difícilmente participará en el mundial del 20l8. En un equipo más serio y profesional por un error de esa naturaleza el arquero ya estaría calentando la banca.

Por supuesto que la perforación –nunca tan bien empleada esta palabra- del arco del gobierno federal, incide gravemente en la imagen del director técnico del mismo, Enrique Peña Nieto, quien al parecer está muy contento con su equipo y hace menos cambios que Mejía Barón en l994.

Justino

Los términos futbolísticos empleados por el redactor para desarrollar el tema central de mi última colaboración del año, me llevan a la ruta del deporte más popular del mundo por la que transito para hacer un comentario sobre Justino Compeán, expresidente de la Federación Mexicana de Fútbol y vicepresidente de la Confederación de Norte, Centroamérica y el Caribe (Concacaf) que salió limpio de la lluvia de lodo que invadió el mundo del futbol, a partir de las declaraciones hechas al FBI por Chuck Berry, máximo dirigente de la Concacaf entre l990 y 20ll y miembro del Comité Ejecutivo de la FIFA de l993 a 20l3.

Desde aquí le envío un abrazo a Justino y no le deseo éxito en la próxima tarea que emprenda porque sé que, como siempre ha sido, lo va a lograr.

Cuento

Había una vez un rey que deseaba ir de pesca. Para asegurarse de que el clima fuera propicio, llamó al pronosticador del tiempo de su reino, quien le auguró un día soleado.

Confiando en el vaticinio de su empleado, el rey se vistió elegantemente, tomó su apero de pesca y se dirigió al lago. En el camino se encontró a un campesino montado en su burro. Luego de apearse del jumento para hacerle la caravana de rigor al soberano, le dijo: Señor, será mejor que vuelva a palacio porque va a llover muchísimo.

El rey siguió su camino pensando: ¿Qué sabrá este pobre campesino de meteorología? El especialista que tengo en el reino me ha predicho lo contrario.

En cuanto el señor de sangre azul llegó a su destino se desató una tremenda tormenta. El monarca regresó a su castillo empapado. Furioso despidió al especialista y mando llamar al campesino al que le ofreció el puesto del recién despedido. El campesino le expresó con modestia: Señor, yo no sé nada de eso. Yo miro las orejas de mi burro y si éstas están caídas es señal que va a llover.

Entonces el rey contrató al burro. Así se inauguró la costumbre de contratar burros para desempeñar los más altos cargos de responsabilidad de un reinado o un gobierno.

Vacaciones

Esta columna estará de regreso el l2 de enero del año que nos embiste. Felices fiestas. Gracias por leerme.