En los 80 del siglo pasado, surgió la iniciativa de paz denominada Contadora, que fue realizada por cuatro países: México, Panamá, Colombia y Venezuela. Se trataba de evitar la guerra en Centroamérica, que era una zona de conflictos y fuerte presencia militar norteamericana. Estados Unidos consideraba al Caribe como su Mare Nostrum. Gobernaba en EU Ronald Reagan.

Miguel de la Madrid, presidente de México en esa época y uno de los autores del plan diplomático de Contadora, dijo: “Una solución militar para Nicaragua puede desembocar en un Vietnam centroamericano”.

Fue así como el Grupo Contadora trabajó todas las instancias diplomáticas de apoyo internacional para que se diera la paz en Centroamérica. Y se logró.

Ahora el fenómeno agudizado en Centroamérica es el subdesarrollo y la expulsión de masas de personas que buscan asilo en EU, mismos que se internan a México, país de paso, a través de Chiapas.

Los países centroamericanos, pero en especial Guatemala, Honduras y El Salvador, no pueden retener a su población por la inseguridad, el masivo desempleo y la pobreza.

El problema migratorio actual puede resumirse en los siguientes datos: 1) cada año cerca de 400,000 personas provenientes de estos países cruzan la frontera sur de México; 2) alrededor de 800,000 extranjeros están en el limbo legal en EU, mientras esperan la solución de sus casos en los tribunales; 3) de las solicitudes de asilo, 90% son rechazadas; 4) las razones para irse de Guatemala, Honduras y El Salvador, según la organización Médicos sin Fronteras y la Cepal son en 40% porque sufren ataques, amenazas o extorsión de criminales; 44% porque han perdido a un familiar en incidentes violentos; 30% porque padecen pobreza y falta de oportunidades.

La solución al problema migratorio regional no avanza y por parte de Trump surgen soluciones represivas.

El gobierno mexicano acaba de plantear con el apoyo de la Cepal una propuesta integral basada en el desarrollo económico. Ahí se abordan los temas de migración, comercio, programas sociales y desarrollo sostenible.

Descansa en convencer al gobierno de EU para que se realicen inversiones, mismas que ofreció a principios de este año. Se trata de realizar obras de infraestructura como las siguientes: plantas eléctricas, red de carreteras, la construcción de un gasoducto, un polo industrial en Honduras, la extensión a Centroamérica del Tren Maya. De no lograrse el apoyo norteamericano, existen alternativas, por ejemplo con inversiones de Alemania, China o Francia.

De concretarse la realización de estos proyectos, estaremos hablando de un cambio cualitativo basado en el desarrollo económico y social, en vez de privilegiar las cuestiones de seguridad y represión.

La propuesta del gobierno mexicano y de la Cepal es oportuna y necesaria. Los países centroamericanos que constituyen excepciones en relación con el resto son Costa Rica que avanza discretamente y con un desarrollo institucional solido, y Panamá, que tiene el nivel de vida mas alto de América Latina, un ingreso per cápita del doble de México. Costa Rica y Panamá advierten que la inversión en capital físico y humano como la que han hecho es la mejor respuesta al atraso, esa profunda devastación de los deseos humanos, de la fantasía y de la productividad.

Costa Rica y Panamá nos enseñan que sí se pueden movilizar las fuerzas productivas para lograr progreso.

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.