Llamó fuertemente la atención de la Cumbre celebrada recientemente en Santiago de Chile entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la Unión Europea (UE) el impulso que se dio en ese foro y en la prolija Declaración de Santiago que emanó de él (con 47 puntos), al tema de la apertura comercial. Quedaron expresamente asentados en los puntos 10 y 11 el compromiso de adoptar políticas que promuevan el comercio y la inversión y el acuerdo paralelo de evitar el proteccionismo en todas sus formas . ¿Qué posibilidad tienen esos compromisos de convertirse en acciones que redunden en un impulso al comercio internacional?

En materia de postura general frente a la apertura comercial no se aprecia la misma homogeneidad entre los países de la UE y de la Celac. Dentro del Mercado Común del Sur (Mercosur) se han constatado actitudes poco propicias para una apertura sincera al comercio en un marco de compromiso con el multilateralismo (punto cuatro, Declaración de Santiago). A mayor abundamiento, las convicciones en esta materia de los países del subgrupo de la Celac llamado Alianza Bolivariana para las Américas (Alba) integrado por Bolivia, Cuba, Ecuador y Venezuela, son claramente dudosas. Y a ello cabe añadir la tradición proteccionista de Brasil y Argentina.

Inesperadamente no se produjo en la Cumbre ningún pronunciamiento específico en contra de la apertura comercial y en pro del proteccionismo.

Esto ocurrió así quizá porque los representantes de la Alba tuvieron mayor preocupación por defenderse de otra amenaza que percibieron más peligrosa: la relativa a promover la inversión entre países de la Celac y la UE a la vez de mantener un ambiente de negocios favorables para los inversionistas .

Fue el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien reaccionó respecto de las inversiones extranjeras. Finalmente, consiguieron que se matizara la redacción correspondiente al lograr que se incorporara el reconocimiento al derecho de los países a establecer regulaciones con el fin de cumplir sus objetivos de política nacional , es decir, a poner limitaciones a las inversiones europeas, e incluso, a la posibilidad de expropiarlas. Aparte de una retórica favorable al libre comercio, no emanaron de la Cumbre, ni de la Declaración correspondiente, indicios de cómo se promoverá el comercio internacional entre los países de la Celac y de la UE.

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