Rajoy y Guerra son responsables directos de la crisis catalana

El fracaso de la política inicia cuando los casos laberínticos pasan a manos de los jueces.

La sentencia del máximo tribunal español en contra de los políticos independentistas de Cataluña no degradará la polarización de la sociedad española. Al contrario, representa otra vuelta de tuerca al independentismo al que no quisieron escuchar en el 2006 varios políticos del PSOE y del PP.

Dos protagonistas que azuzaron de manera involuntaria al independentismo catalán durmieron a sus anchas la noche de ayer: Alfonso Guerra (PSOE) y Mariano Rajoy (PP). No es difícil imaginar que al ver las escenas caóticas del aeropuerto El Prat de Barcelona, inundado por manifestantes que salieron a las calles enojados por la sentencia, Guerra y Rajoy cogieran el control remoto de sus pantallas y oprimieran los botones necesarios para ver Netflix o algún canal deportivo.

Alfonso Guerra, personaje toral durante los gobiernos de Felipe González, dijo: “Nos hemos cepillado el Estatuto” (2006); Mariano Rajoy, presidente del PP de José María Aznar, indicó: “Los efectos del Estatuto catalán se verán en los próximos años porque el Estado se va a debilitar”. Pero el propio Rajoy se anticipó al “debilitamiento” al recurrir el Estatuto ante el Tribunal Constitucional para que fuera trasquilado, y paradójicamente para Rajoy, el Estado se ha debilitado más gracias a su desacato frente a lo que habían decidido los catalanes vía referéndum, el Parlamento catalán y el Congreso de España. Ni más ni menos.

Alfonso Guerra y Mariano Rajoy nos dirían hoy que volverían a tomar la misma decisión frente al Estatuto catalán, una especie de constitución que vincula a la autonomía catalana con el Estado español. También nos dirían que lo hicieron por el bien de España, que era la mejor decisión que cualquier político con miras de estadista tomaría.

Las decisiones erróneas de los políticos generalmente no son castigadas por los jueces, sino por las emociones que articulan la popularidad. Sobre la esencia de la sentencia al procés destaca la desaparición del delito de rebelión, rasgo fiscal en la instrucción contra el conjunto de políticos catalanes que desacataron la constitución para emocionar a los independentistas a través de un referéndum que el propio supremo calificó como quimérico.

El juez Marchena describió como señuelo a la estrategia ilegal del referéndum, entonces, ¿por qué una sentencia tan dura si los independentistas vivían en la matrix?

La buena noticia consiste en que los jueces regresan la bolita al terreno de la política; lugar que nunca tuvo que abandonar, pero Alfonso Guerra y Mariano Rajoy optaron por sacarlo del estadio.

La mala noticia consiste en que el balón regresa en periodo electoral. Significa que la responsabilidad política se correlaciona de manera positiva con el nivel de teatralidad de los políticos.

El presidente Pedro Sánchez será presionado por las derechas nacionalistas para que aplique el artículo 155 de la Constitución y proceda a suspender la autonomía catalana: el botón atómico que terminó con Mariano Rajoy (gracias al apoyo de los partidos independentistas a Sánchez durante la moción de censura).

Guerra y Rajoy, tomando cañas, canallas.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.