“Porque supo conducir a su pueblo y alcanzar la auténtica, la verdadera independencia. A pesar de todas las adversidades, se mantuvo Cuba hasta ahora, después de décadas, como una nación libre, independiente, soberana y eso es algo muy importante. El que los gobiernos extranjeros, las hegemonías, los que se creen amos y señores del mundo, no puedan decidir sobre las políticas y sobre el destino de otros países. Y eso tiene que ver con la dignidad de los pueblos y con los principios que postulan sus dirigentes. Fidel Castro está a la altura de Nelson Mandela, Fidel Castro es un gigante, nuestro reconocimiento a Fidel Castro”.

Este discurso elogiando al dictador, responsable de la miseria y la esclavitud de millones de cubanos a lo largo de varias décadas y por varias generaciones, no es de ningún líder soviético, chino o norcoreano, es de Andrés Manuel López Obrador, recientemente en Colima.

Dime a quién admiras y te diré qué puedo esperar de ti. Resulta preocupante y por demás alarmante, que el puntero en las encuestas, quien critica cualquier indicio de intervención extranjera, se exprese así de un líder al que admira tanto.

Si Cuba es su referente de libertad, los mexicanos tendríamos que estar muy preocupados. No hay mayor fracaso reciente en todo el hemisferio occidental que la dictadura castrista en la isla.

He conocido personalmente a cubanos que fueron cercanos a Fidel, como Huber Matos o la Dra. Hilda Molina. Ellos, que lo conocieron personalmente, lo describieron como un hombre desalmado por su absoluta insensibilidad siempre oculta detrás del gran orador que seducía, con mentiras, a las masas. Su legado de miseria, opresión y penuria lo dice todo.

La disonancia de Andrés Manuel al hablar de amor y al mismo tiempo dejar ver su odio disfrazado de paranoia hacia “enemigos externos” que buscan dominar y someter, se parece mucho a la narrativa de Donald Trump. México no puede caer en la trampa de querer aislarse del mundo en un discurso nacionalista que nos remota a los años más populistas del siglo pasado.

La campaña de Andrés Manuel busca, de todas las formas posibles, desmarcarse de Venezuela, Chávez o Maduro. El problema es que estas declaraciones, lejos de generar confianza, desalientan.

Chávez no es Fidel y Venezuela no es Cuba, decían hace 20 años. El problema no es lo que se diga sino lo que es. No querer ver la realidad es una decisión con consecuencias que no te salvan de la ceguera.

Hoy Venezuela se parece más a Cuba que a cualquier otro vecino latinoamericano. Todo empezó con Chávez admirando a Fidel.

@armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.