La puesta en marcha de dos cadenas, adicionadas con una tercera cadena pública, encarecerá los costos de conseguir talento y programación.

El precio de quedarse con la tercera o cuarta cadena de televisión abierta ronda los 1,500 millones de dólares. Esto incluye la contraprestación que se entregará al gobierno, las inversiones en equipo y los fondos para operar antes de alcanzar el punto de equilibrio, programación y sueldos incluidos. En un escenario normal, la empresa que gane aspira a quedarse con una cuota de mercado de 10% en un periodo de cinco años. Las ganancias anuales no rebasarían los 50 millones de dólares, esto es un rendimiento de 2 a 3% por año.

Una cadena de televisión abierta rinde menos que los cetes. Por eso es que la lista de interesados no incluye a Carlos Slim Helú. La apuesta para él se llama modificación del título de concesión y desarrollo de capacidades para transmitir a través de dispositivos móviles: teléfonos, tabletas, fablets o cualquier cosa que se invente y use masivamente a futuro.

El negocio de quedarse con una tercera o cuarta cadena de televisión abierta se encuentra en un campo más gelatinoso que el de las duras finanzas: un canal podría otorgar a su propietario una influencia suficiente para hacer florecer otros negocios.

Son muchos los nombres que se mencionan como posibles tiradores por la tercera y cuarta cadena, por ejemplo, Olegario Vázquez, Luis Maccise, Manuel Arroyo y Francisco Aguirre. Unos se han apuntado y a otros los han apuntado. Televisión negociazo o televisión llave para negociazos Aquéllos que tengan en la cabeza los casos de Televisa o TV Azteca harían bien en revisar sus cuentas. Las dos grandes cadenas crecieron y se multiplicaron en circunstancias muy específicas e irrepetibles hoy día.

Los que se queden con la tercera y cuarta cadena se encontrarán con una realidad donde la televisión restringida o de paga crece más y es más rentable. La televisión abierta va a la baja, en audiencia, utilidades e influencia.

La puesta en marcha de dos cadenas, adicionadas con una tercera cadena pública, encarecerá los costos de conseguir talento y programación. La transmisión de los partidos de futbol mexicano manifiesta esa tendencia. Los derechos de transmisión valen ahora más de 10 veces de lo que valían hace 12 años. La competencia es tal que incluso la Liga de Ascenso está en condiciones de obtener ingresos importantes de las televisoras.

La pulverización de las audiencias es un hecho que se vive en todo el mundo. Hay más opciones en pantalla, por lo que el programa estelar ya no puede aspirar a acaparar más de 50% de la población que mira la televisión. Esto vale para telenovelas, noticieros y programas especiales. La entrega de los Óscar, conducida por Ellen de Generes, tuvo su mejor rating de los últimos 10 años, pero la audiencia fue 40% menor del promedio en la década de los 90.

La competencia en televisión abierta es una medida necesaria e importante, pero llega tarde. No tendrá el impacto que hubiera tenido hace 20 años, en buena medida porque el gran cambio en los hábitos de producción y consumo se está dando en Internet, redes sociales y televisión digital. Tampoco será el gran negocio, queda por ver si será la llave que abra las puertas para otros grandes negocios. Si fuera así, se trata de una de las llaves más caras del mundo: 1,500 millones de dólares.

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