Y corazones no sabemos. La apariencia puede no ser apariencia sino responder a la realidad del individuo que tenemos enfrente. Los rostros de criminales que vemos en la televisión reflejan dureza y ellos son duros por dentro. Igual que Hitler.

La imagen bondadosa de la madre Teresa de Calcuta puede ocultar un monstruo. En foto reciente, Merkel, Hollande y Monti presencian la entrega del Nobel de la Paz, sus expresiones rayan lo angelical, ¿será?

Cada uno de nosotros construye, según impulsos psicológicos, la forma de la envoltura corporal: tensión, soltura, viveza o seriedad de momia, delgadez, obesidad. Reparemos en tono de voz (claro u opaco), en risa (franca o como mueca), en mirada (directa o gacha), en ademanes (expansivos o reprimidos), en el lenguaje de las manos, en el torso y hombros (erguidos o en derrota), en la respiración (profunda o imperceptible).

El cuerpo de una persona nos dice mucho de su personalidad. Sin movimiento no hay sentimiento, dice Alexander Lowen, famoso psicoanalista, discípulo de Wilhelm Reich, fundadores de la bioenergética.

Un ejemplo nos ofrece el primero en su libro Amor y orgasmo: pido al paciente Jim, de 28 años de edad, que haga un dibujo de sí mismo.

Lo que leo en los trazos es lo siguiente: se representa volando, esto es, huyendo de cualquier situación comprometedora, rodillas cerradas, piernas sin elasticidad, pelvis hacia atrás y nalgas sobresalientes (aspecto muy femenino), hombros hundidos (signo de falta de masculinidad).

Todo lo anterior viene a cuento pues hice una observación que quiero compartir con el lector.

Cara y gesto del expresidente Calderón en sus últimos maratónicos discursos me dejaron la siguiente impresión: muy buen decir y decir espontáneo y fácil, expresiva gesticulación, mirada brillante, pronta disposición para el humor y la sonrisa, será porque se acaba la tortura de ser el Primer Mandatario, qué bueno que no faltan los obsesos de poder que ambicionan la chamba.

Y veo al presidente Peña acartonado como muñeco, rasgos inflexibles, inexpresivos, con decir monótono y repetitivo, pronto para el error de dicción cuando no hay un papel enfrente. Por último, incapacidad de usar corbatas de florecitas o animalitos, solamente las de tensas y frías líneas rectas en diagonal.

Espero dos cosas: que tales rasgos no se traduzcan en actos de gobierno y que sus asesores lo ayuden a componer la figura y hacerla más amable.

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