La respuesta a la pregunta parece irrebatible: sí. La ciudad de México se ha convertido realmente en la capital de la inversión.

Y ¿por qué tal aseveración y de manera tan contundente? Por las cifras oficiales: durante la actual administración, encabezada por Marcelo Ebrard, se han registrado inversiones por ¡114,000 millones de pesos! Esto representa un incremento de 35% en la inversión en la ciudad.

Ello sin contar la Inversión Extranjera Directa que en los últimos dos años ha sido de 66% de la captación total, superior a 55% que se tenía en promedio, previamente. Las cifras son oficiales y las difundió el secretario de Finanzas Públicas del gobierno capitalino, Mario Delgado, señalado insistentemente, en los corrillos políticos y económicos, como el próximo sucesor de Marcelo Ebrard, como Jefe de Gobierno.

Delgado ha sido la pieza central ejecutiva de la estrategia económica del gobierno perredista. El funcionario del gobierno izquierdista es reconocido por propios y extraños como neoliberal de clóset, por la manera en que ha conducido la política económica de la ciudad de México.

Su gestión se ha basado en tres pilares fundamentales: 1. Finanzas públicas sanas, 2. Reestructura de la deuda capitalina y la canalización de los ahorros hacia la inversión, y 3. Innovación financiera, que no es otra cosa más que la modificación del marco legal para procurar esquemas que permitan mayor participación de la inversión privada. En los hechos, Marcelo Ebrard ha marcado una línea muy clara de la Ciudad de México, Capital de la Inversión, que fue el nombre del foro que organizó El Economista. Ahí, Ebrard y Delgado coincidieron en que para lograr un mayor crecimiento económico se requiere una mayor atracción de inversiones y su canalización a la construcción de infraestructura.

El actual gobierno capitalino refinanció su deuda por 3,500 millones de dólares a un plazo de 30 años y a mejores condiciones. El plazo de refinanciamiento, por cierto, no se había visto desde 1939 y además se liberaron 20,000 millones de pesos que se canalizaron a la inversión en infraestructura.

Luego se viene aplicando una estrategia de incentivos fiscales: el paquete de impuestos locales, impuesto a la propiedad, predial, impuesto a las transacciones inmobiliarias, los derechos de agua, impuesto sobre traslado de dominio, que sumados están significando un detonador muy importante de la inversión privada.

A la fecha se han apoyado más de 43 proyectos con un valor de incentivos por 855 millones de pesos, los cuales han detonado inversiones por más de 45,000 millones de pesos de inversión privada.

Tan sólo en el corredor Zócalo-Reforma, donde es muy visible este programa de incentivos, el referente es que por cada peso que da el gobierno capitalino en incentivo fiscal, hay 52 pesos de inversión privada.Un ejemplo es el del BBVA-­Bancomer, que encabeza Ignacio Deschamps, y que en virtud de este paquete fiscal decidió construir en Reforma la sede de la institución, con valor de 900 millones de pesos.

Por eso es que no hay duda de que la ciudad de México se ha convertido en la capital de la inversión.

Soft infrastructure: Sam Pitroda

Sin embargo, vale la pena tomar en consideración el consejo del presidente de la Comisión para la Economía del Conocimiento de la India, Sam Pitroda, quien se pronuncia por la inversión en soft infrastructure (o infraestructura del conocimimiento), más que en la hard infrastructure (o infraestructura física).

Pitroda se manifiesta en favor de la inversión en la educación y el capital humano, y refiere que la India exporta 70,000 millones de dólares en software e importa 100,000 millones de dólares en hardware.

Bajo esa perspectiva, tal vez México lo que requiere es una mezcla mucho más equilibrada entre inversión en infraestructura física y tecnológica.

CUENTOS VERAS

También vale la pena mantener la atención sobre la posibilidad de que en el ámbito político pudiera avanzar la idea de convertir al DF en un estado más de la República. Esto, advirtió, Iñigo de la Borbolla, director de Proyectos de Infraestructura de Banco Santander, podría generar incertidumbre jurídica, al perder el DF el aval del gobierno federal y la potencialidad de que se tuvieran que cambiar los contratos firmados con contratistas a largo plazo, basados en el flujo de los instrumentos fiscales capitalinos. La advertencia no es menor. Al tiempo.