Sube a la onda que te lleva a la cresta .

G. Ellmann, L’Impensable

El rizo que forma hoy el capital es el de su virtualidad. Los derivados financieros sólo inician este tiempo. Ahora surgen los derivados de los derivados, los hiperderivados en dirección de la hipervirtualidad. Hablar de un recomienzo capitalista no es más que una manera de referirse a ese estadio, después del capital mercantil, industrial y financiero. Recomienzo, una metáfora, pues el capital busca anular el tiempo, no recomienza, estalla en otro nivel de energía.

Una negatividad veloz que busca crear valor de la nada. Ésa es la punta más afilada de la globalización.

Circula ya otra forma del dinero, la virtual. Bitcoin y peercoin compiten con las ofertas de última hora: lifecoin, anoncoin, entre las principales. Uno de los creadores explica que esta forma de pago virtual es mucho más flexible. Otro confiesa una verdad: las monedas virtuales son mercancías especulativas. Lo más extraño radica en que estos sistemas son absorciones de inteligencia en contextos informáticos más complejos y multidimensionales. Son diseñados por programadores a punto de la genialidad y matemáticos y físicos del más alto nivel. No buscan emular a Microsoft ni compiten por el Premio Nobel, están iniciando lo que podría convertir explícita y virtualmente las finanzas globales en una gran lotería también virtual.

El capital, por su naturaleza, es una lotería. Produce desigualdades, destruye y, apenas por las contingencias, crea. La inversión productiva no es más que una más de sus jugadas. De ahí que la globalización de los mercados de la economía real se encuentre siempre sujeta a una enorme volatilidad y a desequilibrios inexplicables. En ese entorno, los tratados de libre comercio son operativos políticos, acuerdos entre gobiernos que pretenden hacer más fluidos los intercambios, ganar tiempo, ser más productivos y seducir al capital virtual para que produzca mercancías estándar.

Mientras más atractivo sea un mercado, más crecen la inversión y, con ello, la economía y la generación de empleos: mutar el rizo del capital en momento hacedor. Y de que cada singular encuentre opciones diferenciadas para desplegar su potencia de crear. En esta planicie convergen el TLC, los demás tratados vigentes, la Alianza del Pacífico y el próximo Acuerdo Estratégico Transpacífico. Lo que realmente urge es que, en México, cada niño, joven y adulto viva en ambientes creativos educación, urbanismo, cultura que, ésos sí, son responsabilidad del gobierno.