La promulgación de la ley antiinmigrante en el estado de Arizona movió las aguas políticas en ambos lados de la frontera entre México y Estados Unidos.

Sin embargo, el efecto político más trascendente se dará en la visita de Estado del Presidente mexicano a Washington este mes. Inevitablemente, Calderón y Obama hablarán de una reforma migratoria, a pesar de que el tema había sido desplazado por los del narcotráfico, tráfico de armas y seguridad.

De hecho, se trata de una nueva oportunidad para ambos gobiernos de replantear uno de los asuntos más sensibles de la relación bilateral. Gracias a la gobernadora de Arizona, nuestra siempre difícil agenda con Estados Unidos logra desnarcotizarse y el tema migratorio sube de nivel, para bien y para mal.

Para bien, porque como quedó demostrado esta semana, el tema tiene el poder de unificar voces e incluso dar respaldo a la postura del Ejecutivo federal frente a su contraparte estadounidense. Para mal, porque nos recuerda que seguimos siendo candil de la calle, vociferando y reclamando fuera de nuestras fronteras las oportunidades que no hemos sido capaces de generar para nuestros ciudadanos y el trato digno que negamos a los migrantes que pasan por nuestro territorio rumbo al sueño americano .

Tan sólo en el último periodo ordinario de sesiones del Congreso de la Unión se plantearon sendas iniciativas estrechamente vinculadas con este tema tan delicado para los mexicanos, iniciativas que han sido largamente postergadas y que los legisladores dejaron pasar una vez más: la reforma laboral, la reforma fiscal o la ley antimonopolios, por citar algunas.

Pero sucede que en México, cuando se trata de modificar estructuras e inevitablemente afectar intereses públicos o privados, la respuesta es que nunca son los tiempos propicios o que se requieren más estudios y debates interminables, o bien, que no hay condiciones políticas o hay demasiadas elecciones que resolver antes de lograr los acuerdos necesarios.

De ahí que resulten casi insultantes las muestras de indignación, pancartas y exhortos emitidos por el Congreso mexicano en contra de los poderes del estado de Arizona tras la referida ley, mientras que en sus propias curules duermen las iniciativas de reformas que permitirían crear más y mejores trabajos para los mexicanos, atraer inversiones nacionales y extranjeras, mejorar las condiciones de vida y las expectativas de bienestar que nuestros paisanos tienen que ir a buscar a Estados Unidos.

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