Toda decisión, frente al mañana espectral .

D. Bonhoff, Die Wahrheit

Hablar de campos parece cada vez más necesario en relación a la economía, la política y lo social. Campos de fuerzas de energías de mayor o menor velocidad, que tienen efectos en el quehacer diario de cada singular y relanzan o achatan sus capacidades creativas. Piénsese en la seguridad-inseguridad como un campo de energía lentísima, en donde grupos y bandas de distinta índole, casi solidificados, provocan violencia y paralizan el trabajo de individuos y empresas.

El Instituto Mexicano para la Competitividad calcula que los costos de la inseguridad alcanzan hasta 15% del PIB, algo más de 2 billones de pesos, tanto por el robo de mercancías y los gastos en ese rubro, como por el desaliento de empresarios y trabajadores. Sólo el robo de textiles, juguetes y partes electrónicas llega a 30,000 millones de dólares anuales. Cada empresario de pymes tiene que prever que pierde uno o dos contenedores cargados por mes. Muchos de ellos hasta han identificado los tianguis y plazas a donde van a parar sus mercancías. A los hogares y a los individuos les cuesta 215,000 millones de pesos mantener una relativa seguridad. Hasta los estudiantes que viajan en Metro se han hecho a la idea de tener que entregar semestralmente su iPod a un asaltante que los amenaza. Esto, a los que les va bien.

Se está en un campo de energías destructivas. Enfrentarlo, paradójicamente, no se puede hacer de frente. Hay que envolverlo con fuerzas creativas, veloces y virtuales. O sea, realizar la tarea desde otra planicie, a partir de otras estrategias de mayor velocidad. Si se pretende efectuarla con los cuerpos sólidos tradicionales y estándar de la seguridad se irá de un fracaso a otro. Eso es lo que sucede con las extorsiones telefónicas. Sólo desaparecerán cuando las policías superen en capacidad tecnológica y estratégica a los delincuentes.

Campos que se envuelven unos a otros y se entrecruzan. El más poderoso, el que relanza las capacidades creativas de los individuos, constituido por escuelas, universidades, centros de investigación y empresas decididas a innovar. El sobrepliegue de las fuerzas de creación y de invención envuelve a los demás pliegues, incluido el de la seguridad. Un sobrepliegue que además de atraer al capital le imprime un ordenamiento constructivo más allá de la teleología contradictoria de la ganancia. Desde ahí competir, hacer lugar.