Para el que quiera aportar ideas energéticas para el Plan Nacional de Desarrollo, ésta es la segunda llamada. Es cosa de semanas para que inicie la redacción formal del PND, ya incorporando las ideas que se expresen en los foros que se están realizando en distintos estados del país.

En el plano petrolero, esta edición del PND debe ser distinta a las anteriores. La del 2019-2024 será la primera en la que el gobierno pueda contar con recursos más allá de su propio presupuesto para resolver los retos petroleros del país.

En este contexto, por primera vez podemos aspirar a trascender los poco creíbles pronósticos de producción y aspirar a algo más ambicioso: generar actividad en todas las cuencas del país. Por más que creamos que México entero ha sido un país petrolero, la realidad es que ha sido el país de una gran cuenca petrolera: más de 80% de la producción acumulada de México a lo largo de su historia ha venido de la Cuenca del Sureste (que contiene, entre otros activos, a Cantarell y Ku-Maloob-Zaap).

Hacia adelante, la Cuenca del Sureste está condenada a ser cada vez menos relevante. Tiene 67% de las reservas totales del país, pero sólo 15% de los recursos prospectivos.

Ampliando la mirada hacia otras provincias petroleras, no hay ninguna que pueda sustituir el lugar dominante que llegó a tener esta cuenca. Las dos provincias que más recursos prospectivos tienen (Tampico-Misantla y Golfo Profundo) suman, ya en conjunto, menos de 60% de las oportunidades totales. Sabinas, Burgos y Veracruz tienen menos de 13% cada una.

Hasta ahora, con las herramientas que teníamos, no se han logrado ni deriskear ni realmente desarrollar estas otras provincias. Los recursos prospectivos en Tampico-Misantla, quizás la más avanzada del grupo, son del doble que la suma de su producción acumulada y reservas totales. En el Golfo Profundo, las reservas totales son apenas una veinteava parte de los recursos prospectivos; estamos apenas arañando la superficie del potencial total.

Parte de esto se explica por la disponibilidad de recursos. La Cuenca del Sureste, a lo largo del tiempo, se comió una enorme mayoría de las inversiones de Pemex. Era lo lógico: aquí había petróleo fácil e increíblemente rentable. ¿Cómo se hubiera podido justificar, con una lógica de ciclos cortos, mandar demasiados recursos a los proyectos del portafolio de Pemex que eran más difíciles y caras de aprovechar?

La otra se explica por la gestión de tecnología: los recursos de Burgos, en su mayoría gas, requieren de un programa integral de gestión de reservorio completamente diferente al que se usó para Cantarell. El proceso de exploración y desarrollo en aguas profundas y aguas someras es dramáticamente diferente entre sí. Buena parte de Tampico-Misantla requiere no sólo del paquete de tecnologías de recursos no convencionales (perforación direccional y fracturación hidráulica), que se pueden contratar con las grandes firmas de servicios petroleros. En la operación de campos en “modo de fábrica”, difícilmente subcontratable, no tenemos nada de experiencia.

Seguramente, a lo largo del tiempo, Pemex ha desarrollado planes e ideas para desarrollar estas cuencas. Con toda la razón, no son públicos, probablemente mencionan tecnologías y análisis propietarios. Ahora, con un Estado que incluye, pero trasciende a Pemex, plasmar las grandes pinceladas de diagnóstico, cuenca por cuenca, y su posible solución es un asunto digno del más grande los planes del gobierno. A partir de esta base, quizás sea mucho más fácil identificar en dónde tiene que instruir el gobierno mexicano a Pemex que enfoque sus amplios recursos y capacidades, y hacia dónde tiene que dirigir la actividad de la industria.

Ya aterrizado para el PND, va mi propuesta: “Procurar que todas las provincias petroleras del país avancen en su desarrollo”. Y las líneas de acción: “Realizar un estudio, cuenca por cuenca, que identifique necesidades tecnológicas y de inversión”; “proponer un plan de actividad para cada cuenca a través de Pemex, la industria o ambas”.

PabloZárate

Consultor

Más allá de Cantarell