Faltan 12 días para las elecciones del 4 de julio, donde se elegiránen a 12 gobernadores. Las encuestas señalan ahora que el PAN puede retener Tlaxcala y Aguascalientes y que la coalición PRD-PAN está en pie de lucha en Oaxaca, Sinaloa y Puebla.

Al arranque de la contienda, las encuestas decían que el PRI ganaba en los 12 estados, pero al calor de las campañas los números han cambiado. Los estudios de opinión registran cada día mejor las percepciones del electorado, pero no pueden asegurar ningún resultado.

El escenario ha cambiado y se ofrece mejor para el PAN y el PRD, que hace dos meses, y en consecuencia menos ventajoso de lo que se veía para el PRI. La absurda guerra de encuestas patito continúa, pero a través de las más serias es posible hacerse una idea del comportamiento del electorado.

El PAN ha fracasó de manera rotunda en las elecciones de julio del 2009, cuando de las cinco gubernaturas en disputa perdió San Luis Potosí y Querétaro, que ya gobernaba, y sólo pudo ganar Sonora. Los resultados para el PRD también fueron desastrosos.

De esa derrota y de lo que decían las encuestas, para esta elección se acuerdan las alianzas entre el PAN y el PRD para enfrentar al PRI en los tres estados en los que ahora están resultando competitivos.

En el actual escenario, si el PRI sólo gana entre seis y ocho de las gubernaturas en juego, habrá que considerarlo una derrota y si el PAN lo hace entre tres y cuatro, una victoria. El PRD se daría por bien servido si retiene Zacatecas y gana una de las alianzas.

La verdadera importancia del triunfo en una o dos de las gubernaturas en la que van aliados PAN y PRD es que abriría la posibilidad de que ambos partidos compitieran juntos por la gubernatura del Estado de México en el 2011.

Ahora, cada uno por separado es fuerte en una región, pero unidos lo serían en todo el estado y ofrecerían un frente altamente competitivo al PRI y a las aspiraciones presidenciales de Peña Nieto.

Si la elección de gobernador en el Estado de México la ganara la alianza del PRD-PAN se descarrilaría la candidatura a la Presidencia de Peña Nieto, con la alegría de sus adversarios en el partido, y el PRI se vería obligado a buscar otro candidato.

En esa alternativa al escenario actual, difícil, pero no imposible, se emparejarían las posibilidades de la competencia por la Presidencia de la Republica. En los hechos, los candidatos de los tres partidos iniciarían sin la ventaja que ahora tiene Peña Nieto.

La posibilidad de este escenario, que necesariamente pasa por la derrota del PRI en el Estado de México, es tan atractiva que es muy posible que se superen todas las dificultades y el PAN y el PRD vayan aliados en la elección del 2001. Lo aceitaría la posibilidad que en esta elección ganen una de las gubernaturas.