México es presa de una enfermedad populista —provinciana—, que también lo condena al aislamiento internacional. Es claro que para el régimen la política exterior es que no tengamos política exterior, salvo el apoyo a dictaduras como las de Cuba, Venezuela y Nicaragua, invocando un arcaico principio de “no intervención”. Esto se hizo patente, una vez más, con la negativa del presidente a asistir a la Asamblea General de Naciones Unidas esta semana, y a la Cumbre de Acción Climática convocada por el secretario general de la ONU. La lucha contra el cambio climático es algo que no sólo no interesa al gobierno, sino que sabotea y confronta en los hechos, con sus políticas y decisiones. México no tuvo nada qué aportar ni qué decir en la cumbre y en la asamblea, a pesar del imperativo existencial que representa el calentamiento global, de los compromisos asumidos por nuestro país ante el Acuerdo de París, de nuestra propia legislación en la Ley de Cambio Climático y en la Ley de Transición Energética, y del precepto de presentar al propio Acuerdo de París nuevos compromisos mucho más ambiciosos de reducción de emisiones para el próximo año. El gobierno se sostiene en una incomprensible obsesión por los combustibles fósiles, y de hacer de los hidrocarburos una imposible, onírica y vetusta “palanca de desarrollo”. Canaliza ingentes recursos para reconstituir el monopolio petrolero, y ha abortado el proceso de Transición Energética hacia las energías limpias que había sido conducido exitosamente a través de una sofisticada arquitectura institucional y regulatoria heredada de la reforma energética, la cual está siendo rápidamente desmantelada. El gobierno igualmente promueve la construcción de una inviable y absurda refinería con dinero público, y ha reanimado la generación de electricidad con carbón. En los hechos, se trata de una contraposición frontal y repudio al Acuerdo de París, lo que resultará terriblemente costoso para México. De entrada, puede anticiparse un boicot contra nuestro país por parte de los demócratas en Estados Unidos, que impediría la ratificación del T-MEC en el corto plazo, más aún si prospera la destitución de Trump o es derrotado en la elección presidencial en el 2020.

Cada día crece la inquietud y el compromiso por contener y revertir el calentamiento global, que avanza de una manera desbocada. De no haber una acción decidida y profunda de parte de la comunidad internacional, el mundo se precipitará hacia desenlaces catastróficos, visualizados por la ciencia cada día con más nitidez. Por ello se convocó a esta cumbre climática, en un contexto en que los compromisos bajo el Acuerdo de París no resultan suficientes para evitar los peores escenarios, y en que asistimos por primera vez a una trascendente movilización social contra el calentamiento global. Las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) siguen aumentando, así como las concentraciones de CO2 en la atmósfera, al igual que la temperatura promedio del planeta, y la recurrencia de eventos cada día más destructivos y ominosos. Las naciones deben hacer un esfuerzo muy profundo y extensivo para reducir sus emisiones. La ciencia indica que, para evitar el dislocamiento climático y ecológico del planeta, es preciso impedir que la temperatura promedio se incremente más de 1.5–2°C. Esto conlleva abatir a cero las emisiones netas de GEI para el año 2050, y reducirlas entre 40 y 50% para el 2030. (Netas, implica que las emisiones residuales de GEI deberán ser compensadas y absorbidas por restauración ecológica y reforestación a gran escala, principalmente). De lo contrario, la temperatura podrá aumentar hacia finales del siglo entre 4 y 6°C, lo que significaría un planeta trágicamente irreconocible. Más de 60 países prometieron en la cumbre reducir sus emisiones de manera consecuente, así como grandes empresas multinacionales (incluyendo varias petroleras) y numerosas ciudades o gobiernos subnacionales. Entre todos ellos, desde luego, no está México, que ha preferido mantenerse a la sombra y en la misma delirante e inmoral trinchera que Trump y Bolsonaro. Se espera que en el próximo año en la COP 26 la gran mayoría de los países asuma planes, programas y compromisos para lograr las metas señaladas.

Se perfila el liderazgo de Europa, a pesar de todo, pero especialmente el de China, que se ha convertido en adalid de las energías renovables, energía nuclear, baterías y autos eléctricos, y reforestación. Promete abandonar el carbón, y alcanzar un pico de emisiones en los próximos años. China afina en estos momentos su siguiente Plan Quinquenal, en el cual se consagrará una lucha sin cuartel contra el cambio climático, lo que le abrirá nuevos cauces de influencia y hegemonía tecnológica y económica en el mundo. Sólo falta que renuncie a inversiones en infraestructura energética basada en combustibles fósiles en Asia, dentro de su iniciativa Belt and Road (nuevo Camino de la Seda).

La sociedad mexicana debe despertar y movilizarse, para impedir que México se ubique oprobiosamente en el lado oscuro de la historia. Es preciso inducir al gobierno a cambiar el rumbo y/o ganar la Cámara de Diputados en el 2021.

Gabriel Quadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.