El presidente Felipe Calderón ha declarado en las últimas semanas que el próximo Presidente de México debería continuar la estrategia trazada por su gobierno para combatir al narcotráfico, que al final del sexenio habrá provocado más de 60,000 asesinatos.

Cuando el Presidente lanza su declaratoria de guerra contra el narco, el 10 de diciembre del 2006, bajo el supuesto de que México vivía una violencia inédita y la droga invadía las escuelas, ocurría precisamente lo contrario. El 2005 y el 2006, los previos a su gobierno, son los años con el menor número de muertes dolosas en la historia del país, ocho por 100,000 habitantes.

Con el consumo de las drogas sucedía algo semejante. La Encuesta Nacional de Adicciones del 2002 registró que sólo 4.2% de los mexicanos había consumido droga alguna vez en su vida, contra 5.3 % en 1998. La encuesta del 2008 muestra que sólo lo ha hecho 5.7 %, lo que revela, en el peor de los casos, que se ha vuelto a los niveles de una década atrás. Los ciudadanos de Estados Unidos que han consumido droga alguna vez en su vida son 46 por ciento.

En la medida que pasa el tiempo, queda cada vez más claro que la estrategia del Presidente no obedeció, están ahí las estadísticas, al aumento de la violencia o el consumo de la droga, sino a una equivocada decisión, para legitimarse políticamente después de la reacción que provocaron los resultados de la elección del 2006 en un sector de la población.

La declaratoria de guerra del Presidente provoca que crezcan los niveles de violencia y no es respuesta, como se ha querido justificar, a los índices crecientes de violencia que evidentemente no había. A la declaratoria de guerra, trasmitida en cadena nacional de televisión, los cárteles, que no saben cuál va a ser la dimensión de la misma, estructuran y arman de inmediato ejércitos paralelos, con los resultados que todos conocen.

El próximo Presidente de México está obligado a dejar la estrategia punitiva y prohibicionista impulsada por el presidente Calderón, que ha demostrado su fracaso.

Quien gane la elección tiene que retomar el camino previo al gobierno calderonista, de reducción de los crímenes dolosos. En los años de este gobierno el aumento en el consumo de droga es marginal. La verdadera pregunta es ¿por qué, con relación a otras realidades, en México no hay un problema de consumo?

Se requiere una nueva estrategia que frene la violencia, que devuelva al Ejército a los cuarteles y que garantice la paz social. Una estrategia que asuma como reto la reducción de la violencia del fuero común, que es la que afecta a la ciudadanía. Los candidatos deben expresar su posición y la ciudadanía exigir. Ningún candidato está llamado a continuar con la estrategia del fracaso y tampoco ningún ciudadano a votar por quien la proponga.

Twitter: @RubenAguilar