Ha hecho mucho la CFE, pero puede hacer más; es la segunda mayor empresa del país y está muy lejos de ser la firma de clase mundial que pregona.

¿Cuál es la buena noticia peor comunicada del sexenio? Yo tengo mi favorita: los avances en el sector eléctrico. Muchos tendrán en mente el cierre de Luz y Fuerza del Centro, esa arma de destrucción masiva de recursos públicos. Esta caja fuerte no menosprecia esa nota, pero quiere poner en la mesa otros hechos relacionados con el sector.

La capacidad instalada en energía eólica pasó de 2 megawatts en el 2006 a 773 megawatts en el 2011. La producción de electricidad en pequeñas hidroeléctricas se triplicó. En energía solar se dieron avances significativos con la construcción de dos centrales en Jalisco y Aguascalientes y otras dos en Baja California. La planta nuclear de Laguna Verde rebasó las dos décadas sin accidentes. Ha sido capaz de convencer a propios y extraños de su seguridad, a pesar del escepticismo inicial.

La CFE ha avanzado más rápido que Pemex en su propia transición. Se acercó a los usuarios domésticos a través de los programas para cambiar los refrigeradores y subsidiar el cambio a focos ahorradores, impulsados por la Sener y el Fideicomiso para el de Ahorro de Energía. Ha impulsado la participación del sector privado. Puso su granito de arena en el sector de las telecomunicaciones con la licitación de sus cables de fibra. (Pudo licitar más y mejor, pero dio un buen paso).

Ha hecho muchas cosas la CFE, pero puede hacer bastante más. Esta compañía es la segunda mayor empresa de México y está muy lejos de ser la firma de clase mundial que su campaña de publicidad pregona.

Tiene tareas pendientes de gran magnitud, casi todas relacionadas con aumentar su eficiencia; en este aspecto no podemos menospreciar el asunto de la transparencia. En cada uno de los grandes temas en los que hay polémica respecto de la CFE, hay un problema con las cifras que presenta la empresa. Los grupos incumbentes (stakeholders, en inglés) no las validan o aceptan. Los costos reales de producción y el monto de sus emisiones contaminantes son dos de los casos más importantes. Las tarifas eléctricas para negocios e industrias son mucho más caras que las de Estados Unidos o Brasil. No sabemos cuánto.

El rango de la diferencia va de 40 a 110%, según los empresarios del norte del país. CFE presenta sus propias cifras, que no gozan de la máxima credibilidad.

Su contribución a la contaminación es enorme. Sabemos que supera con amplitud su aportación al PIB, aunque tampoco tenemos cifras que estén más allá de todas las dudas. Sólo sabemos que CFE es el mayor productor de Gases de Efecto Invernadero de México y el segundo mayor contaminante total, después de Pemex. No se puede mejorar lo que no se puede medir, dicen los ingenieros industriales. No nos explican qué pasa con aquellas cosas donde hay dos o tres mediciones: la oficial, la privada y la adivinación.

El futuro de México está en juego en el sector energético. Lo saben los expertos en geopolítica, nuestros gobernantes y también los inversionistas. Todo lo que avancen la CFE y Pemex es buena noticia para nuestro país. La Estrategia Nacional de Energía que presentó la Secretaría de Energía esta semana deja claro que hay una visión de largo plazo para el sector. Sus 179 páginas dejan claro que la Sener hizo su chamba. El tiempo nos dirá cuánto vale un documento que se presenta nueve meses antes de que termine el sexenio.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx