El mal manejo de la política eléctrica en México, una vez más, se ha vuelto a posicionar en el centro de la coyuntura nacional. Las mentiras, las decisiones erráticas por parte de la Comisión Federal de Electricidad y, sobre todo, la insistencia del paisano presidente de regresarle a la empresa el monopolio del mercado nos tiene al borde del colapso económico. Hoy, la empresa productiva ha dejado de contribuir en la recuperación económica del país, ahuyentando cada día más las inversiones y poniendo en riesgo la relación comercial con nuestro principal aliado, Estados Unidos.

Para entender los porqués, basta analizar dos factores específicos:

Por un lado, están las pérdidas reportadas por la paraestatal. Por primera vez en cinco años, la CFE reportó pérdidas netas en 2020 que superaron los $78,000 millones; cifra que representa un aumento de más de 95% en comparación con 2019. Como economista, esto me parece sumamente alarmante, puesto que si bien la pandemia del Covid-19 fue el factor primordial de este deterioro, no podemos olvidar que la CFE aprovechó el incremento del consumo doméstico, y lejos de subsidiarlo como lo hicieron la mayoría de los países, se dio el fenómeno de los “recibos locos”, recibos que aumentaban dos y hasta 3 veces lo que venía pagando la ciudadanía. Entonces, ¿cuánto hubiesen perdido de no haber abusado de los mexicanos?

Además, existe la posibilidad de que estas pérdidas hayan sido distorsionadas, ya que, según un estudio del IMCO, durante los últimos tres años, la CFE ha buscado la manera de ocultar la transferencia de recursos cruzados entre subsidiarias para encubrir pérdidas y disfrazar los resultados financieros y operativos de la empresa; aunque por supuesto, su Director General, Manuel Bartlett, ha negado estos hechos.

El segundo factor de pérdida, sin duda, es la manera en la que este gobierno de cuarta, y particularmente Manuel Bartlett, han arremetido contra las fuentes de generación de energía limpia y renovable; que como todos sabemos son 4 veces más baratas y menos contaminantes.

Ejemplos son muchos, desde la manera en la que han querido culpar a las energías limpias de la falta de mantenimiento e inversión en la red de transmisión, cuando ésta es una actividad exclusiva del Estado, hasta el llamado a la CRE para que ésta no otorgara más permisos de generación a nuevas plantas eólicas o fotovoltaicas; lo que claramente va en contra de los compromisos de México en materia de transición energética y de lo establecido en la propia Ley de la Industria Eléctrica.

Tampoco podemos olvidar que la amenaza de la Ley Combustóleo prevalece, una ley que busca privilegiar la generación sucia y contaminante de CFE por encima de las fuentes renovables, pero que afortunadamente no ha entrado en vigor debido a que prevalecen suspensiones por parte del Poder Judicial; también ha generado gran tensión en la relación bilateral que sostenemos con Estados Unidos por posibles violaciones al T-MEC. Adicional a las posibles multas y sanciones internacionales, esta ley generaría costos adicionales por más de 11,000 millones de dólares para 2050 y aumento significativo de los gases de efecto invernadero, es decir, generaría ¡un verdadero retroceso para el país!

CFE sigue naufragando, el capitán del barco, Manuel Bartlett, claramente ha perdido el rumbo y la embarcación está a punto de hundirse. Ahora sí, ¡sálvese quien pueda!

@PerezSoraya

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.

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