El energético primario de la electricidad solar es gratis: la radiación del sol. Por tanto, su costo marginal (costo de producir un kilowatt hora adicional) es igual a cero; lo mismo para una planta eólica, dado que el viento también es gratuito. En contraste, el costo marginal para una planta de ciclo combinado de gas natural es considerable y depende del precio del combustible. Frente a ello, en condiciones de mercado, el precio de la electricidad en una región o nodo determinado es igual para las energías renovables y para las energías convencionales. En una planta solar o eólica esa remuneración va a amortizar capital y a pagar dividendos e impuestos, esencialmente; mientras que en la planta convencional se asigna además a cubrir el costo del insumo o del energético primario, el gas natural. Por esa razón, las energías renovables empujan los precios de la electricidad a la baja. Incluso, puede presentarse un escenario en que siendo los precios de mercado de la electricidad suficientemente bajos, no alcancen siquiera a cubrir el costo variable del combustible fósil (gas, carbón, combustóleo). Así dejan de ser competitivas y rentables, más aún, cuando la autoridad que gestiona el sistema eléctrico despacha o hace entrar en operación primero a las plantas con el menor costo marginal que son las renovables; recordemos que la demanda de electricidad varía a lo largo del día (sube temprano por las mañanas y primeras horas de la noche, y baja durante el resto). Por tanto la generación de electricidad en el sistema debe ser ajustada en forma correspondiente. Esto ocurre en todos los países energéticamente civilizados, entre ellos México, y una vez que quede plenamente desplegada la reforma energética las energías renovables ejercerán esa ventaja competitiva frente a las energías fósiles.

Conforme se desarrollan y multiplican las capacidades de generación con energías renovables, al abatirse su costo de inversión (por economías de escala y avance tecnológico) y ser cercano a cero su costo de operación (porque el energético primario es gratis), lógicamente, las plantas termoeléctricas de gas, carbón y combustóleo dejarán de ser rentables gradualmente. Ello pondrá en crisis a las empresas que son sus propietarias y operadoras, como ha ocurrido en California, España, Alemania y otros países. En México, son la CFE y empresas que le venden electricidad desde el antiguo esquema de Producción Independiente.

Cuando se trata de energía distribuida, es decir, energía solar fotovoltaica generada en el mismo sitio o muy cerca de donde se consume, además, hay un fuerte ahorro en la medida en que no se necesita cubrir cosos de transmisión, porteo y congestión; tampoco hay pérdidas por transmisión. Así, la energía solar fotovoltaica adquiere aún más ventajas competitivas sobre las energías fósiles generadas en grandes plantas térmicas centralizadas, sobre todo cuando es remunerada al mismo precio, en nuestro caso, el precio marginal local de cada nodo dentro del sistema en el territorio nacional. De hecho, así lo establecen, en el contexto jurídico y administrativo de la reforma energética, las Disposiciones Administrativas en Materia de Generación Distribuida emitidas recientemente por la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

La CFE ha reaccionado ahora, y CFE Suministro Básico (subsidiaria de CFE) ha presentado un amparo ante el Juzgado XI en materia administrativa en la CDMX en contra de las reglas de la CRE, para no remunerar a Precio Marginal Local los excedentes de los generadores solares interconectados (energía distribuida) inyectados a la red. Esto es, insólitamente, un coletazo anticompetitivo de la propia CFE contra la Reforma Energética y la Transición Energética.

La CFE atisba la inviabilidad de su modelo de negocio a largo plazo; de cara al siglo XXI, más le vale cambiarlo.