Reducir el endeudamiento externo de la economía española es fundamental. Las cuentas no financieras de la contabilidad nacional han mostrado que efectivamente este proceso continúa, aunque todavía a un ritmo relativamente lento, dado el nivel del desequilibrio observado.

Una forma de ver cómo se están generando los recursos, para poder realizar el proceso de desapalancamiento con el resto del mundo, es a través del superávit comercial que se está generando: un nivel de exportaciones superior al de importaciones permite la acumulación de recursos para mejorar la posición financiera de la economía.

El crecimiento diferencialmente positivo de las exportaciones españolas respecto de las europeas ha puesto de relieve el papel que juegan en este proceso de desapalancamiento. Sin embargo, igualmente importante ha sido el proceso de reducción de importaciones.

Existen en general dos motivos por los que las importaciones se han contraído durante la crisis. El primero es el más obvio: la fuerte caída de la demanda interna.

Así, factores como el deterioro en las perspectivas sobre los ingresos de familias y empresas; la absorción de desequilibrios acumulados antes (inmobiliario) y después (déficit público) de la crisis; además de una restricción crediticia externa, han disminuido el gasto en general y las importaciones en particular.

De hecho, de acuerdo con la publicación de BBVA Research, Situación España, Cuarto Trimestre del 2013, alrededor de 60% de la caída en las importaciones no energéticas experimentada desde el inicio de la crisis puede explicarse por esta razón.

Sin embargo, algunos de estos factores son temporales, y por tanto, deberían revertirse durante los próximos años, en la medida en que se observe una recuperación de la economía. Por lo tanto, a pesar de que el esfuerzo (sobre todo del sector privado) ha sido sustancial, el superávit comercial que se observa actualmente es cíclico y en ausencia de un mayor ajuste del sector público (único agente deficitario en la economía), el crecimiento podría generar nuevamente un desequilibrio y el incremento nuevamente de la deuda externa.

Por eso es importante que el gobierno continúe con el proceso de consolidación fiscal, tomando medidas que aseguren la reducción del déficit público a mediano plazo, minimizando el impacto negativo en crecimiento a corto plazo. Para esto último, planes plurianuales, la identificación y reducción de gasto ineficiente y una reforma fiscal que incentive el crecimiento sin disminuir la recaudación son clave.

El segundo factor que explica la caída de las importaciones, aparte del efecto ingreso consecuencia de la crisis, es la sustitución que se está dando entre producción externa y doméstica (en favor de la última).

El mismo documento ya mencionado de BBVA Research encuentra que 40% de la caída en las importaciones no energéticas se debe a este efecto sustitución .

Lo anterior es importante, ya que este proceso podría indicar cambios estructurales, que harían que estas ganancias de cuota de mercado que han logrado las empresas fueran permanentes e independientes del ciclo económico.

Por ejemplo, desde el 2010 y por primera vez en 30 años, los precios de las importaciones han crecido consistentemente por encima de los de los productos domésticos. Estas ganancias de competitividad se han reflejado en una disminución de la demanda por productos extranjeros, en favor de bienes nacionales.

Asimismo, la evidencia muestra que la sensibilidad de familias y empresas a cambios en el precio de las importaciones ha aumentado durante la crisis, intensificando el impacto de las ganancias de competitividad.

En suma, no solamente han caído relativamente los precios, sino que ahora los agentes tienden a valorar más esta característica y ambos elementos han permitido que los productores nacionales quiten cuota a los extranjeros, sin que esto se haya dado como consecuencia de una devaluación de la moneda (con efectos transitorios) o con medidas proteccionistas. Lo anterior pone de manifiesto la necesidad de dos tipos de reformas.

En primer lugar, está la laboral. En la medida en que ésta incentive un proceso de moderación salarial y por lo tanto, la continuación de este proceso de ganancia de competitividad, las empresas podrán continuar expandiendo su producción (y creando empleo).

En segundo lugar, resulta fundamental impulsar una mejor regulación y una mayor competencia en sectores proveedores de bienes intermedios que pueden estar generando ganancias monopólicas y por lo tanto, restringiendo la recuperación.

*Economista Jefe de BBVA Research.