Los países emergentes están en una competencia para no quedar marginados ahora que los dólares baratos empezarán a escasear.

La Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos no tiene ni deseos ni necesidad de cambiar su tasa de interés, que actualmente se encuentra prácticamente en cero. La baja inflación y la expectativa de que así se mantenga por algún tiempo más descartan esta posibilidad.

Pero la osada estrategia de facilitar la liquidez que lanzó la Fed como estrategia de reactivación ha llegado a su final. Un término gradual que implica mandar cada mes menos dólares al mercado.

La liquidez mundial ha alcanzado niveles que pueden resultar peligrosos si se registrara algún desequilibrio financiero, tal como un aumento repentino en los precios de los energéticos u otras materias primas, por ejemplo.

Por eso es que ahora que las evidencias apuntan a un crecimiento sostenido de la economía estadounidense, con todo y una mejora notable en la creación de empleos, el banco central quiere quitar la presión de los dólares en exceso. Pero en esta medicina correctiva de la Fed tiene que haber reacciones secundarias entre los países emergentes que estuvieron entre los beneficiarios de ese exceso de dólares que buscaban los mejores rendimientos.

Los mismos capitales que revaluaron monedas, bajaron tasas de interés y capitalizaron mercados bursátiles son los mismos que salen en estampida cuando la relación entre el riesgo y el rendimiento inclina la balanza de nueva cuenta hacia los mercados maduros.

Es inevitable un reacomodo de los flujos del capital financiero. Pero hay la posibilidad que en la fuga algunos mercados logren atraer la atención de los inversionistas.

El primer secreto del éxito es no verse desesperado por esos recursos, que la estabilidad financiera de una economía no dependa de dichos recursos. Ahí juegan elementos como las reservas internacionales, la salud fiscal, la baja inflación, el monto de los pasivos y sus vencimientos.

Pero también tiene mucho que ver la calidad de las expectativas que genera cada economía. Países como Turquía aparecen frágiles al momento de hacer frente a sus vencimientos; otras naciones, como Brasil, se ven presionadas a subir sus tasas de interés para controlar las presiones inflacionarias, y otros, como México, presumen cambios estructurales que animan a los inversionistas.

Hay claro y manifiesto interés en México. Otra vez este país está en la mira del mundo y eso puede marcar una diferencia al momento de que los capitales huyan de los mercados emergentes. Habrá inestabilidad, como la hemos visto en el tipo de cambio y en los mercados de dinero y bursátil, pero nada que implique un foco rojo entre las autoridades fiscales y monetarias del país.

Para que esto se mantenga, está la urgente necesidad de que las presumidas reformas estructurales dejen de ser simplemente propaganda. Y para ello, es indispensable que se aprueben adecuadamente las leyes secundarias.

Sin esa reglamentación, ni la reforma energética, la de telecomunicaciones o la política podrían tener viabilidad y, por lo tanto, lo que hoy parece fortaleza se derrumbaría como fachada de cartón.

Debe ser prioridad del gobierno sacar adelante los reglamentos y hacerlo en los términos en que están planteadas las reformas constitucionales, porque también es posible echar a perder una buena reforma a la Carta Magna con una mala ley secundaria.