Hasta este punto, la aprobación de importantes cambios legales en México sirve más para sacarle brillo político que para pronosticar un mejor comportamiento de la economía nacional.

La mal llamada reforma fiscal del año pasado fue un fly de sacrificio para dar paso a la tan positiva reforma energética lograda. Pero los cambios en temas petroleros y eléctricos tardarán años en cuajar, mientras que los cambios fiscales son de efecto inmediato.

Podremos ver en el futuro, no tengo dudas, que los cambios hoy logrados darán buenos frutos en los años por venir, tanto en materia energética como en telecomunicaciones y eventualmente que se atrevan a una reforma fiscal pasadas las elecciones del 2015.

Por lo pronto, hay que asumir que los pronósticos de crecimiento para este año atienden a la realidad de una comparación favorable en contra del pésimo desempeño del 2013 y a que México tiene un tope de crecimiento que ronda 3.5 por ciento.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de actualizar sus estimaciones para el crecimiento mundial a través de su World Economic Outlook (WEO). Ve un mayor dinamismo global, destaca Estados Unidos; ve retos para los países emergentes, en especial América Latina, y para México nada más allá de 3% este 2014.

El FMI advierte que la recuperación económica mundial no está exenta de riesgos, no ha salido del bosque según el reporte.

Uno de los peligros centrales que describe para las economías desarrolladas, especialmente para la zona euro, es la baja inflación que podría pisar los indeseables terrenos de la deflación. Lo que acabaría por estancar las posibilidades de un crecimiento dinámico de esa región.

Para otras economías maduras, como la estadounidense, el reto es saber transitar suavemente entre los programas de respaldo monetario y la recuperación económica. Un retiro acelerado de los salvavidas puede comprometer el incipiente crecimiento, además de que no se debe dejar de lado la importancia de reequilibrar las cuentas públicas.

Y en esa interconexión global, la modificación de políticas de una parte implica desequilibrios del otro. O lo que es lo mismo: si jalan la cobija, destapan a los más pobres.

Para los mercados emergentes el riesgo es financiero ante la turbulencia presente -y la que falta- como producto de la retirada escalonada de los estímulos monetarios de la Reserva Federal (Fed) de Estados Unidos.

Las economías en desarrollo que tienen debilidades fiscales o desequilibrios en sus cuentas externas son más vulnerables. Por ello, el FMI recomienda que ante la turbulencia desatada por el tapering de la Fed, dejen a sus monedas depreciarse para adaptase a las condiciones de financiamiento.

Es conveniente que los que determinan las políticas públicas en los países emergentes refuercen la salud macroeconómica e implementen políticas regulatorias y de supervisión más eficientes, informa el FMI en su WEO.

Después de tantos años de dificultades económicas mundiales hay cierta urgencia por ver un crecimiento global; sin embargo, no hay que dejar de ver los diferentes focos amarillos que se mantienen encendidos en prácticamente todas las regiones del planeta.