Dice Andrés López que ahora que tenga su partido, Morena, va a derogar todas las reformas que ha llevado a cabo el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Más allá de la ternura que produce esta declaración, habría que decirle a éste y al resto de los rupturistas que por ahora no tienen mucho de qué preocuparse, porque a los cambios constitucionales de bandera les faltan los reglamentos que les permitan operar.

La operación política más complicada estaba en las modificaciones constitucionales, porque un cambio así requiere de una mayoría calificada y de la aprobación de la mayor parte de las legislaturas locales. De ahí que es un gran triunfo haber logrado esos consensos.

Y no sólo eso, sino que la reforma energética fue una mucho más rica y más completa que la que proponía el Presidente. Eso significa que se hizo campaña para una reforma menor y se obtuvo un cambio de verdadera trascendencia, gracias a la alianza con el PAN.

Pero justamente ese es el riesgo mayor, si el motor de las reformas son los cambios constitucionales, la gasolina que hará mover esa maquinaria son los reglamentos. Eso determinará qué tan lejos pueden llegar, o no, esos cambios.

Si las leyes secundarias son malas, insuficientes o inexistentes, las reformas tienen poca utilidad, porque no existiría la seguridad jurídica para invertir.

Y para alguien que vive del bloqueo al contrario, la última oportunidad de afectar el desempeño del gobierno es entorpecer, encarecer esa legislación.

Por eso, es previsible desde ahora adelantar que la madre de todas las oposiciones callejeras está por verse tan pronto como inicien las discusiones en el Congreso durante el próximo período ordinario de sesiones.

No está claro cuáles serán las cámaras de origen para las iniciativas presidenciales, no sabemos si alguna entrará como iniciativa preferente. No hay certeza de si habrá espacio para otras leyes, más allá de los asuntos energéticos. Pero es un hecho que los siguientes meses habrán de dedicarse a esos asuntos.

Y es que son muchos los pendientes. Hoy no pueden aplicarse las reformas, penal, electoral, energética y de telecomunicaciones, entre otras, por falta de reglas del juego.

Y si bien el periodo ordinario inicia en febrero, en estos momentos los partidos políticos definen sus agendas en sus reuniones plenarias. Algunos seguirán la línea, otros buscarán impulsar sus ideas y otros más analizan cómo reventar las sesiones. Pero todos tendrán algo que ver con esos cambios.

Va a ser muy difícil que se pueda revivir el Pacto por México. Y no sólo por las diferencias entre los partidos políticos en temas tan importantes como el energético, sino también por las disputas internas del PAN y del PRD, en este año en que tienen renovación de sus dirigencias.

Como sea, es deseable que los tres principales partidos políticos aporten sus ideas para robustecer las leyes secundarias. Al final, no son incompatibles muchos de los planteamientos de esas fuerzas políticas.

Lo incompatible sería el intento de reventar los cambios desde la manifestación violenta.