El día de ayer comentábamos que FIRA cumplió 25 años de promover la Labranza de Conservación. En este lapso de tiempo hemos constatado que es factible desde el punto de vista técnico implementar de manera masiva ese sistema de producción en los principales valles agrícolas dedicados a la producción de granos, como el Bajío.

Sin embargo, actualmente la demanda creciente de alimentos aunado a la escasez del agua, la contaminación por pesticidas químicos de síntesis, el uso indiscriminado de fertilizantes nitrogenados, la volatilidad de precios de los granos y los altos costo de producción nos exige romper paradigmas en la forma de producir. El nuevo reto es la Agricultura Sostenible bajo el nuevo enfoque que propone la FAO (Organización para la Agricultura y la Alimentación, por sus siglas en inglés), que es la Intensificación Sostenible de la Producción Agrícola (ISPA).

En Guanajuato, en Sinaloa y en el sur de Sonora, FIRA está promoviendo la implementación de modelos de producción sostenible de granos basados en la labranza de conservación; en la tecnificación avanzada de riego para lograr un uso más eficiente y racional del agua; en el manejo integrado de plagas y enfermedades (MIPE), privilegiando el control biológico y bioracional sobre el control químico, que como última instancia se aplica con base en umbrales económicos de plagas; además de aplicar técnicas de nutrición balanceada sustentada en diagnósticos prediales, con análisis de suelos y de plantas y de llevar un monitoreo nutricional del cultivos con equipos de medición tipo escáner (como Greenseker y SPAD502 ) y los ionómetros, que permiten medir la concentración de nitratos y potasio que por etapa fenológica se tiene en planta viva.

Para medir el impacto en la competitividad y sostenibilidad de la producción de granos, bajo modelos de sostenibilidad agrícola, se llevan registros de la huella hídrica y en general de la huella ecológica. Se parte de cuestionar cuánto nos cuesta producir una tonelada de maíz, sorgo, trigo y cebada en agua, nitrógeno, diésel, gases de efecto invernadero (GEI), ingrediente activo de pesticidas químicos, entre otros elementos que intervienen en la producción convencional, los cuales se pueden medir y evaluar.

En Guanajuato se tienen registros de huella hídrica en la producción de cebada, donde bajo riego rodado se aplican más de 1,150 metros cúbicos por tonelada producida (m3 /ton) y, bajo el modelo de producción sostenible promovido por el CDT Villadiego desde el 2006, se utilizan 542 m3/ton, con rendimientos de más de 7 ton/ha. El agua es un elemento que limitará el desarrollo en algunas regiones de mundo y en la agricultura es donde más se utiliza (77% de su uso en México).

El ejemplo anterior es una muestra de que la sostenibilidad agrícola se puede lograr sin detrimento de la productividad, lo cual es un reto que debemos enfrentar con decisión; sin esperar más, ya que tenemos el tiempo en contra y la demanda de alimento va en aumento.

Respecto de la propuesta de reconversión tecnológica para lograr la agricultura sostenible, es factible técnicamente aplicarla con éxito y es rentable su implementación. Sólo deben considerarse algunos factores clave, como el acompañamiento técnico experto, la investigación y el desarrollo de estas tecnologías.

*Esteban Michel Ramírez es jefe de departamento del CDT Villadiego de FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]