Una de las consecuencias lógicas del tapering es la salida de parte de los flujos que llegaron a los mercados emergentes como parte de la gran expansión monetaria de los últimos años.

Aunque el inicio del tapering se anunció desde finales del año pasado, no fue hasta estas últimas semanas que se ha intensificado la salida de flujos de algunos países emergentes, provocando la depreciación de la mayoría de sus divisas.

A pesar de que la depreciación se ha presentado en casi todo el mundo emergente, la magnitud de los movimientos ha sido diferente entre países, lo cual refleja cierta discriminación por parte de los inversionistas dentro del mundo emergente.

Aunque el peso mexicano se ha depreciado 2.5% en lo que va del año, es una de las monedas con mejor desempeño en el mundo emergente. Para dar algo de contexto, la lira turca se ha depreciado 6.4%; el rand sudafricano, 5.9%; el rublo ruso, 5.7%; el peso chileno, 3.8%; el peso, colombiano 3.5%, y ni hablar del peso argentino, que ha perdido 23% de su valor frente al dólar.

El mundo emergente, incluyendo a México, es vulnerable a una salida desordenada de flujos. Sin embargo, nuestro país está en una situación menos vulnerable que la mayoría de las economías emergentes.

El primer factor diferenciador es la situación de la balanza en cuenta corriente de México en comparación con otras economías. Uno de los síntomas clásicos de una situación pre-crisis para una economía emergente es un déficit significativo y creciente en la cuenta corriente que por lo general es consecuencia de un creciente endeudamiento (público y/o privado) financiado por recursos provenientes del exterior. Este desequilibrio se vuelve insostenible en el momento que hay una salida de flujos.

Aunque el déficit en cuenta corriente de México se ha venido ampliando en los últimos trimestres, éste es muy inferior al de otros países emergentes y es sumamente manejable. El segundo factor clave para México es un menor nivel de endeudamiento, tanto del sector público como del sector privado. Asimismo, México cuenta con un perfil de vencimientos de su deuda pública muy favorable y una menor dependencia del financiamiento externo.

El tercer factor es que México cuenta con un sistema financiero bien capitalizado y, principalmente, fondeado por los depósitos de los ahorradores domésticos es decir que no depende de financiamientos del mercado externo.

Adicionalmente, el hecho de que el crédito bancario al sector privado como porcentaje del PIB sea muy inferior al de otros países emergentes se ha traducido en un bajo nivel de endeudamiento del sector privado.

El cuarto factor es que, a diferencia de otras economías emergentes, el ciclo económico de México está ligado al de la economía estadounidense de manera mucho más estrecha. Si el tapering se da en medio de un entorno de recuperación más robusto para Estados Unidos, la economía mexicana debería, tarde o temprano, beneficiarse de esta situación.

Finalmente, las reformas estructurales aprobadas deben ser, en el mediano plazo, un generador innegable de Inversión Extranjera Directa. Adicionalmente, las reservas internacionales de México se encuentran en máximos históricos y se cuenta con líneas de financiamiento contingente del FMI.

Aunque en el corto plazo es muy posible que el peso siga debilitándose ante la ola de volatilidad, los fundamentales apuntan a una tendencia de mediano plazo de apreciación para el peso mexicano.