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D. Bonhoff, Die Wahrheit

Hace cuatro décadas, en los 70, la desigualdad económica era un fenómeno provocador. El llamado socialismo realmente existente se extendía entre los países subdesarrollados. Poco más de diez años antes, Cuba había hecho una revolución. Vino luego el socialismo de Allende, en Chile.

Justamente en ese tiempo, Douglas W. Rae, experto en desigualdad económica, en un artículo de la American Political Science Review, se preguntaba al respecto: ¿Cuándo y por qué una sociedad decide que sólo algunas cosas se distribuyen en igualdad? ¿Cuál es hoy la gramática de la justicia? Otros politólogos, como Albert O. Hirschman, se interrogaban acerca de los límites de la desigualdad. ¿Cuándo esa fila inmóvil se convertirá en impaciencia y en desorden?

Apenas antier, el lunes pasado, Paul Krugman, premio Nobel de Economía, trajo el tema en su artículo del New York Times. Su primera afirmación es categórica: La desigualdad económica en Estados Unidos aumenta severamente . Se refiere, de inmediato, al dato más significativo de la situación: Desde finales de los 70, los salarios reales para la mitad de la fuerza de trabajo que gana menos se han deteriorado o caído, mientras que el ingreso de 1% que gana más casi se ha cuadruplicado (y los de 0.1% se ha incrementado todavía más) .

Una desigualdad inexplicable, en particular para los que la padecen. Krugman cita el refrán de Upton Sinclair: Es difícil que alguien entienda algo cuando su salario depende de eso que no entiende . Pero Krugman va más allá. Si por el momento, sea en la teoría o en las decisiones de política económica, la pobreza parece que puede no ser tomada en cuenta, ahora se viene abajo el mito de que la riqueza promueve la prosperidad general. Si esto es así, llegaría a su fin la vigencia del libro famoso y clásico de Bernard Mandeville, La fábula de las abejas, o los vicios privados hacen la prosperidad pública.

En México, la desigualdad empeora. En la conferencia que dictó en el ITAM José Ángel Gurría, secretario General de la OCDE, utilizó los siguientes datos: Si en Estados Unidos el ingreso de la décima parte de las familias más pobres cabe 14 veces en el de las más ricas, en México esa proporción es 25 veces mayor. Desigualdad en el ingreso trae un mercado interno débil y esto un crecimiento mediocre; y recomienza el ciclo.