Hay algo en la inflación de la primera quincena de enero que ya no pinta tan bien al momento de pronosticar que las presiones son temporales.

No es ninguna sorpresa que la inflación a inicios del año se disparara de esta forma, sobre todo a la luz de los cambios fiscales aprobados el año pasado y los incrementos en tarifas y precios del sector público.

El incremento quincenal del Índice Nacional de Precios al Consumidor pudo haber superado 1% si no se hubiera tomado la determinación de adelantar el incremento en el precio del pasaje del Metro de la ciudad de México a diciembre pasado.

Los incrementos que dispararon la inflación de ese primer tramo de enero son cortesía básicamente de las modificaciones fiscales, aunque también ayudan los gasolinazos y otros aumentos en precios públicos.

De las modificaciones tributarias aprobadas para este año, una de las que más impacto tiene es la facturación digital obligatoria. Es muy positivo meter al aro fiscal a tantos contribuyentes, pero muchos de éstos se curan en salud aumentando precios, para después pagar impuestos.

Otro cambio que sí tiene características de ser una modificación estructural importante es la homologación del IVA en las zonas fronterizas. Pero es el mismo efecto: podría en la práctica no tener un gran impacto en precios, pero no son pocos los que recetan aumentos preventivos en sus productos y servicios.

Esa homologación del IVA fue apenas una tímida corrección fiscal en el sentido correcto, que se acompañó de algunas otras medidas pequeñitas, como aplicar el impuesto al consumo en los chicles y en las croquetas para perro. Todo esto tiene alguna contribución inflacionaria.

Pero también le pegó a la inflación el resto de la lista de inventos fiscales, como el impuesto a las calorías, ya sea a los productos azucarados o a los comestibles chatarra.

Una determinación recaudatoria que tendrá un impacto más permanente serán los aumentos mensuales en los precios de las gasolinas, que volverán a superar a la inflación general durante este año, a pesar del llamado del propio banco central a dejar de jugar a los decretos con estos energéticos básicos en la economía mexicana.

Son la mayoría aumentos de una sola vez que tendrían que diluirse con el paso de las quincenas. Sin embargo, lo que vemos es que la inflación subyacente ha pegado un brinco importante y que el análisis de la inflación por objeto de gasto muestra que hoy la mayoría de los rubros están fuera de la meta.

Es muy probable que la inflación pudiera incluso superar 5% al cierre de este mes o el que sigue. Tampoco ayudan mucho las presiones cambiarias que ha sufrido el peso.

Todo el secreto está en que los agentes económicos no se compren el discurso inflacionario y se entienda que las presiones son temporales. Ayuda, desde el punto de vista del combate a la inflación, que el dinamismo económico es muy bajo y los aumentos en los precios sí limitan la demanda.

Diría pues que la inflación encendió los focos de alerta en el Banco de México, el cual deberá ser más estricto en el monitoreo y seguro que será más rígido su discurso. Y, eventualmente, sabemos que los banqueros centrales mexicanos no se tocarían el corazón para usar las tasas de interés.