En la nota pasada, se comentaron las características y beneficios asociados a la integración regional, a través de las denominadas economías de aglomeración o clústeres agroalimentarios. Entre los que destacan la concentración geográfica de productores, proveedores de insumos, transformadores, comercializadores, servicios, así como inversión pública y privada, que permiten reducir costos de transporte y producción, generar valor agregado de manera local y un desarrollo regional integral.

En México es posible identificar clústeres agroalimentarios que presentan diferentes grados de integración e impacto regional. Principalmente, su avance depende de la etapa en que se encuentren, ya sea nacimiento basado en una oportunidad comercial o una necesidad social; desarrollo, maduración o innovación. Cabe destacar que la sobrevivencia de un clúster en el tiempo dependerá de su capacidad de mantener un proceso dinámico de aprendizaje e innovación.

De acuerdo con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa), algunos clústeres que destacan a nivel nacional, por su volumen y valor de la producción, dinamismo económico y desempeño comercial; así como por factores cualitativos como coordinación, confianza e impacto en el desarrollo social, se enuncian a continuación.

El clúster de tomate en Culiacán, Sinaloa, se encuentra en una fase de innovación. La integración vertical y horizontal se encuentra orientada hacia la exportación, es decir, basada en una oportunidad de negocio. Se compone de una red de productores, empresas, centros públicos de investigación, universidades, así como una fuerte cohesión de la inversión pública y privada.

Pesca y acuacultura de camarón, ostión y tilapia en Nayarit, actividades que destacan por su importancia socioeconómica regional, su potencial de crecimiento y concentración existente entre sus unidades de producción.

Así mismo, es posible observar los clústeres de producción de bovinos carne en Veracruz y Guanajuato. El primero destaca por su volumen de producción e infraestructura ganadera, mientras que el segundo registra ventajas comparativas, al vincular la producción local de granos y forrajes con la ganadera. En los dos casos se identifican empresas tractoras que resultan detonantes de la agrupación productiva.

Cada uno de los casos anteriormente enunciados se destacan por diferentes características que han potencializado el desarrollo local, los diferentes clústeres agroalimentarios coinciden en la integración horizontal de productores; vertical con industriales y proveedores de insumos, así como la participación de servicios profesionales, investigación e inversión pública y privada. Adicionalmente, la diferencia entre las diferentes cadenas permite identificar el ordenamiento de la producción y especialización, en función de su ubicación geográfica, ventajas comparativas y cercanía con los mercados de consumo.

El éxito de un clúster agroalimentario dependerá de la disponibilidad de sus integrantes a innovar, aprender y mejorar sus procesos productivos, así como permitir el acceso de nuevos participantes y productos que vuelvan al entorno más competitivo, socialmente incluyente, así como productivo y ambientalmente sostenible.

Luis Daniel Núñez Guzmán es Especialista de la Subdirección de Diseño de Programas en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. [email protected]