Ante un panorama agroalimentario globalizado, insumos con costo creciente y menores precios de comercialización para los productos del campo, las estrategias territoriales como los clústeres son una opción viable para el desarrollo local, a través de la integración de los eslabones productor, transformador y comercializador de alimentos de manera regional

Ante un panorama agroalimentario globalizado, insumos con costo creciente y menores precios de comercialización para los productos del campo, las estrategias territoriales como los clústeres son una opción viable para el desarrollo local, a través de la integración de los eslabones productor, transformador y comercializador de alimentos de manera regional.

De acuerdo con Porter, un clúster es la concentración geográfica de empresas e instituciones interconectadas que actúan en determinado campo. Es decir, un clúster agroalimentario representa la concentración geográfica de productores, proveedores de insumos, transformadores, comercializadores, servicios profesionales y financieros, así como de entidades gubernamentales que trabajan en conjunto para potencializar el desarrollo de alguna cadena en particular.

Entre las estrategias territoriales o locales se encuentran los agrocorredores, clúster, parque agro-industrial, tecnopolo agrario y zona económica especial, entre otros. Destaca el clúster o economías de aglomeración que, de acuerdo con Eva Gálvez Nogales, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, fomenta el desarrollo local y permite insertarse mejor en las agrocadenas globales.

Según Gálvez, los clúster agroalimentarios resultan más competitivos por permitir una integración territorial que, entre otros beneficios, permite reducir los costos de producción, transporte, insumos y servicios, ya que la concentración geográfica reduce costos de traslado; favorece la innovación y transferencia de conocimientos, ya que el territorio se enfoca y especializa en una cadena; se difunden e implementan mejores prácticas productivas, es viable obtener denominaciones de origen y se generan mejores condiciones para acceder a los mercados de exportación.

Las economías de aglomeración favorecen el desarrollo local a través de la integración de productores, conformación de cooperativas o cualquier otra forma de organización que permita incrementar la atracción de inversiones públicas y privadas, desarrollo de proyectos productivos, generación de valor agregado dentro del mismo clúster y mitigación del riesgo para operar recursos financieros.

Por otra parte, los clúster agroalimentarios pueden llegar a formar parte de una estrategia de ordenamiento de la producción nacional, es decir, ordenar la producción en función de las ventajas comparativas y competitivas que presentan las cadenas agropecuarias en cada entidad federativa, entre ellas los factores climáticos, de suelo, vocación productiva y cercanía con los mercados de consumo.

Finalmente, la especialización productiva que requieren los clústeres debe ser acompañada por una planeación clara de integración, desarrollo y crecimiento dentro de cada región, estableciendo estrategias que eviten la sobreexplotación de los recursos naturales y la creación de condiciones óptimas para la reproducción de plagas y malezas, así como integrar esquemas de mitigación de los riesgos asociados al cambio climático.

En la siguiente publicación, se comentarán algunos de los principales clústeres agroalimentarios existentes en el país, así como las características que les permiten ser considerados como polos de desarrollo.

*Luis Daniel Núñez Guzmán es especialista de la Subdirección de Diseño de Programas en FIRA. La opinión es responsabilidad del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA. dnunez@fira.gob.mx