En esta tercera entrega centraré la atención en la forma como la clase política utiliza o debe utilizar los resultados de las encuestas para el diseño de sus estrategias, ya sea en gobierno o en campañas electorales; los dos textos anteriores (la influencia en el ciudadano y la relación encuestas-políticos) fueron, de alguna manera, la introducción para ir acercándonos a la función que deben tener las investigaciones de la opinión pública y sé que hay quien insiste en quererlas ver como oráculos, como menciono en el primer texto, o como espejos de vanidad, como lo platico en el segundo. No puedo dejar de notar que ninguno de los temas será excluyente, así el uso de la estrategia y la relación encuestas-políticos están, de alguna manera, en este apartado y en cada entrega se podrán encontrar reiteraciones, por ejemplo, el sentido estratégico de difundir encuestas buscando influir en el ciudadano cabría en los tres temas hasta ahora expuestos. Por lo pronto, van algunas reflexiones.

1.- En una campaña electoral a veces un candidato pierde más tiempo peleándose con los resultados de las encuestas que haciendo lo posible para cambiar esos resultados; es más riesgoso basar su campaña en lo que percibe que en lo que le muestran las encuestas, si se desgasta en desconocer los resultados es muy probable que sigan las cosas igual, si los interpreta bien es muy probable que las pueda cambiar.

2.- Si un candidato consigue votos interpretando correctamente las encuestas y construyendo su discurso de acuerdo con el sentir ciudadano, entonces hizo lo correcto; ¿por qué después afirma que las encuestas fallaron?

3.- Un gobernante o un político no deben basar sus decisiones en lo que dicen las encuestas, éstas no son para obedecerse, pero sí deben dar una idea sobre el apoyo o el rechazo de lo que dicen o lo que hacen; ese conocimiento les indica, por ejemplo: el tono, el tiempo, la profundidad o la pertinencia de cada discurso y cada propuesta.

4.- Cuando un partido decide elegir candidato utilizando las encuestas busca al candidato que en ese momento maximice las preferencias y genere mayores simpatías, pero NO considera su capacidad de gobierno ni los méritos acumulados por los aspirantes, ni su fidelidad a la ideología ni muchas otras variables; por tanto, usar encuestas no garantiza la unidad, el triunfo y mucho menos el buen gobierno.

5.- En campaña, los candidatos no inventan nada, lo que nos dicen y lo que nos proponen está en la mente del ciudadano, por eso vemos campañas llenas de diagnósticos y algunas soluciones generales, muy pocas propuestas concretas y, por si fuera poco, esas propuestas y esos diagnósticos son muy similares entre los competidores, porque todos se preocuparon por investigar al ciudadano y ninguno se va a atrever a contradecirlo cuando lo que busca es identificarse con él.

6.- Está bien que un político se acerque a las encuestas, que las lea, que las analice, que las entienda, que a través de ellas escuche al ciudadano, pero lo que debe saber es que no son para obedecerse. Sumar los intereses personales de cada gobernado no es siempre la mejor forma de lograr el interés colectivo (el pago de impuestos es un buen ejemplo).

7.- Si se hace una encuesta y deliberadamente se trata de obtener respuestas sesgadas, se tira el dinero; es tonto gastar para oír falsedades y por ello se equivocan quienes descalifican a una encuesta con el argumento de que escogen dónde ir o preguntan mal para obtener el resultado que les gusta, aunque saben que es falso ; esa descalificación normalmente es de quien no entiende de encuestas.

8.- Hay quien cree que las encuestas sirven para pronosticar un resultado, pero los estrategas se ríen de eso; saben que precisamente son para evitar que se dé ese resultado; los profesionales de la estrategia utilizan lo que los ciudadanos opinan para saber cómo comunicarse con ellos, cómo persuadirlos, cómo lograr que volteen a verlos y les den la confianza; es decir, buscan modificar lo que la encuesta dice, no preservarlo.

9.- (Como hemos dicho antes) ¿Que un político difunde encuestas como parte de su estrategia?, ¿que la encuesta será parte de su propaganda? Seguramente; no nos debe asustar. Los políticos usarán todo lo que puedan y si creen que una encuesta les sirve, la hayan o no contratado ellos, la usarán; lo hacen todos, no es característica de un partido.

Como mencioné, algunas de las reflexiones tocan puntos coincidentes con los textos previos. La mayoría de las encuestas que se hacen en campaña o en gobierno no es pública y se hacen para tomar decisiones estratégicas, y esas estrategias que se generan con las encuestas no-públicas son las que realmente mueven la opinión ciudadana y por ende las preferencias y no la publicación del resultado como afirman algunos; por ello, la influencia que las encuestas tienen en los electores, tema del primero de los artículos, debe inscribirse en el uso y no en la difusión de los estudios. En las siguientes entregas mantendré una línea similar para ejemplificar la relación de las encuestas con los medios, con la legislación, la credibilidad y algunos otros aspectos, todo comentario lo recibo en mi cuenta de Twitter @RoyCampos.