La realidad, con frecuencia, suele sorprender a los gobernantes con malas noticias y les depara precisamente lo que desean evitar...

Con el fin de contrarrestar los efectos recesivos que ha causado la pandemia, el presidente André Manuel López Obrador (AMLO) se ha negado terminantemente a poner en ejecución un programa de política económica contracíclico, inspirado en el pensamiento del economista británico Keynes. Se ha negado terminantemente en ese sentido y todo hace predecir que continuará rehusándose. Las que no han quedado en claro son las razones en las que se ha fundado esa renuencia. ¿Por qué?

Una de esas razones, muy visible, es la muy mala opinión que se ha formado AMLO del rescate de los bancos y de sus depositantes que se llevó a cabo en su momento mediante el mecanismo del llamado Fobaproa.

Otra razón pudiera ser su desconocimiento del economista Keynes, de los planteamientos principales de su pensamiento y, sobre todo, de la receta diagnosticada para suavizar las fases recesivas del ciclo económico. Y otra posible explicación es su renuencia a incurrir en déficit fiscal y en un mayor endeudamiento gubernamental, quizás en recuerdo de lo que sucedió durante la Docena trágica de Echeverría y López Portillo.

Sin embargo, la realidad, con frecuencia, suele sorprender a los gobernantes con malas noticias y les depara precisamente lo que desean evitar. La noticia a destacar en ese respecto es que al cierre del primer trimestre del actual y fatídico año del 2020 el déficit presupuestal del gobierno federal se duplicó de manera perversa, medido en términos reales. La consecuencia lógica, también, es que de manera paralela igualmente se elevó la deuda pública. Según la nota periodística correspondiente, “el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público —la medida más amplia de la deuda— se ubicó en 12.07 billones de pesos, con un crecimiento anual de 10.9 por ciento”. Y desde luego, tanto el incremento del déficit fiscal como de la deuda pública, han tenido repercusión sobre las perspectivas de la calificación tanto de la deuda del gobierno como en la de Petróleos Mexicanos.

El aumento del déficit fiscal se ha dado por la vía no de un aumento de los egresos sino por conducto de una reducción de los ingresos. Con ese resultado, México ha quedado ubicado en la paradoja del peor de los mundos posibles. La economía nacional no ha recibido el estímulo de un gasto público más alto, a la vez que las finanzas públicas se han deteriorado de todas maneras y ha aumentado el endeudamiento gubernamental.

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Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico