Uno de los resultados más impresionantes, es la expansión tan grande que han tenido las exportaciones agroalimentarias en un contexto mundial de recesión...

El tema para la presente entrega provino de una nota que publicó El Economista el pasado martes: durante los primeros nueve meses del 2020, el superávit de la balanza comercial de productos agropecuarios mejoró de manera importante gracias a una expansión considerable de las exportaciones y a una disminución sensible de las importaciones.

Ese resultado encuentra apoyo en su fundamento sectorial. Ello, en la medida en que durante el tercer trimestre del año, mientras que los sectores secundario y de servicios resintieron contracciones importantes, solo el sector primario (agricultura, ganadería, silvicultura y pesca) mostró expansión.

Desde el punto de vista analítico, resulta mucho más fácil encontrar explicación para la contracción de las importaciones agroalimentarias que aventurar las causas para la expansión de las exportaciones. Respeto a la contracción de esas importaciones, se explica que esté sucediendo en un contexto de fuerte desaceleración interna con repercusiones negativas sobre el empleo y la masa salarial.

Por lo que hace a las exportaciones agroalimentarias, el observador debe desde luego celebrar en primer lugar su buen desempeño. Desde la perspectiva histórica, ese desempeño es un mentís rotundo a las voces que en su momento clamaban por el mantenimiento del proteccionismo comercial. Pero como se aprecia, la apertura ha permitido que los productores del sector puedan aprovechar de manera benéfica las ventajas competitivas que México tiene en las actividades primarias.

De cualquier manera, desde la perspectiva analítica, uno de los resultados más impresionantes es la expansión tan grande que han tenido las exportaciones agroalimentarias en un contexto de fuerte recesión de la economía mundial y en particular del principal socio comercial de México que son los Estados Unidos. ¿Cómo puede ser que esas exportaciones no hayan sufrido daño o merma?

Una posible explicación puede provenir del lugar que ocupan satisfactores como el aguacate, los tomates o los pimientos que produce México en la dieta de las familias estadounidenses con pocas o nulas posibilidades para sustituir esas importaciones. Y siguiendo con el formato que tienen los presupuestos de las familias estadounidenses, es también muy probable que partidas de gasto como viajes o adquisición de bienes suntuarios sean mucho más sensibles a las variables ingreso y ambiente general en la economía que los alimentos. Este es al panorama general de las exportaciones agroalimentarias, a menos de que en el horizonte político vuelvan a aparecer amenazas de proteccionismo. No es imposible, por desgracia.

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico

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