El día de ayer el Servicio de Administración Tributaria (SAT) y los organismos del sector privado organizados en el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) firmamos el convenio marco Combate a la Economía Informal, donde el sector privado suscribió el documento Buen Mexicano en Materia Fiscal.

Se trata de un evento sin precedentes para el nuevo México que estamos construyendo. Uno de los problemas que afecta al sector empresarial y al crecimiento del país es la economía informal.

De acuerdo con datos del Inegi, la mitad de la Población Económicamente Activa labora en la informalidad, lo que representa 56%, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (II Trim. del 2019). Es una cifra lamentable.

Lo más grave es, sin embargo, lo que anota el Informe sobre el Impacto Fiscal de la Economía Informal en México (del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado, 2018), en el sentido de que la ocupación en el sector informal resulta necesaria para el ingreso de las familias en 26% de los casos.

Esto nos lleva al problema subyacente de nuestro país, del elefante blanco en medio de la sala del que tenemos que hablar hasta lograr sacarlo: que México es un país profundamente desigual, donde su gente no tiene acceso a las mismas oportunidades, cuyo poder adquisitivo está prácticamente polarizado. Falta inclusión financiera, muchos no tienen acceso ni a servicios bancarios y sin internet y con gran desigualdad, el país poco puede avanzar de manera uniforme. Mientras exista una desigualdad tan seria, habrá informalidad.

En el SAT arrancamos hace unas semanas el programa Súmate, coordinados con 12 entidades federativas, con el fin de visitar 154,906 unidades económicas (pequeños y medianos comerciantes, principalmente) con el fin de sumarlos a la formalidad. La idea es ayudarlos en todos los temas fiscales que puedan tener, desde darlos de alta al padrón de contribuyentes, generar sus contraseñas, cambios de domicilio, emisión de facturas, presentación de declaraciones, actualización de empleados, etcétera.

Con programa o sin programa, el SAT siempre está para servir a la gente, para acompañar al contribuyente cumplido o que desea ser cumplido, en todas sus dudas, es parte de nuestro trabajo diario.

Pero es verdad que existen personas que desean por voluntad propia, no por necesidad o por ignorancia, mantenerse a costa de abusar de los demás. Contra ellos va la cara dura del SAT, sin excepciones y sea quien sea, porque así lo mandata la ley, pero sobre todo porque ése es nuestro compromiso con los cumplidos.

Otro tipo de informalidad la tenemos, vaya paradoja, dentro de la formalidad, por ejemplo, en los esquemas de subcontratación agresiva, que valiéndose de un derecho (subcontratar) deforman el espíritu y terminan por hacer nugatorios derechos que son eminentemente laborales. No sólo perjudican al trabajador, sino que evaden al fisco.

El convenio celebrado ayer es precisamente para colaborar juntos en la identificación de factores de riesgo (en cada ramo de la economía las estrategias evasoras varían), analizar casos particulares y auxiliarlos (o hacer nuestras) las denuncias pertinentes; establecer qué tipo de acciones de fiscalización o vigilancia son más eficientes para qué sector; fomentar más el uso de la factura electrónica (no sólo para cuando sea deducible, sino porque es un medio fiscalizador), analizar la apertura de módulos de atención en las instalaciones de cada organismo, en fin, una serie de cosas para cerrar filas en contra de la informalidad.

Adicionalmente al convenio, las cúpulas empresariales suscribieron un documento con 10 puntos que el SAT considera buenas prácticas fiscales. Se trata de una especie de decálogo extraído de los valores insertos en la legislación. No son ideas o peticiones del fisco, son mandatos de ley, pero decidimos entresacar su valor, reavivar su importancia para alinearnos todos los mexicanos bajo principios comunes.

Si uno los lee, quizá el valor más importante es la decencia, decencia para con nosotros mismos, nuestros semejantes y nuestra patria. El sector empresarial hace su trabajo, el SAT el suyo. Las encomiendas son distintas, pero el amor por México es el mismo, y es loable que todos los liderazgos cierren filas en torno a un México decente, próspero y mejor.