La Unión Europea (UE) se asemeja a una federación de estados que permite entre sus 28 miembros actuales, incluyendo al Reino Unido del que Irlanda del Norte forma parte y a la República de Irlanda, el libre movimiento de personas, bienes, servicios y capitales. Ante el descontento de buena parte de su población por la inmigración y la cesión de soberanía a la UE, el Reino Unido (RU) realizó en junio del 2016 un referéndum que resultó favorable por un margen de cuatro puntos a la decisión de abandonar la UE. Theresa May negoció un acuerdo con la UE, que tres veces fue rechazado por su Parlamento y dos veces ampliado el plazo de salida. May renuncia y asume el irascible Boris Johnson.

RU tiene como plazo este fin de mes para dejar la UE con o sin acuerdo, o bien solicitar una nueva extensión. Johnson amenaza con un Brexit duro sin acuerdo, no obstante que su Parlamento se lo ha prohibido debiendo ampliar el plazo caso requerido. Bajo el acuerdo de May, no ratificado, Irlanda del Norte junto con RU permanecerían en la Unión Aduanera y partes del mercado común, lo que evitaría la frontera dura entre las irlandas por un periodo de transición de 21 meses mientras se llega a un acuerdo satisfactorio para todos, pero sin incidir en las reglas de la UE. Johnson objeta ceder cualquier soberanía aún en el corto plazo.

El punto más álgido es el Irish Backstop, que se refiere a la garantía de evitar una frontera dura entre las irlandas. El Backstop se considera central para evitar romper el acuerdo que dio fin a la violencia en Irlanda del Norte entre católicos (republicanos) y protestantes (pro-RU). El paraguas de la UE fue clave para lograr la paz evitando la frontera como si las irlandas fueran un país. Una frontera soberana podría reabrir heridas y traer la violencia de vuelta, lo que a Johnson parece no importarle.

Los efectos económicos negativos del Brexit ya son significativos y se podrán profundizar bajo un Brexit duro para RU y para el mundo. La Libra se ha depreciado, y la inversión y el crecimiento han caído por la expectativa de que RU pierda el acceso a su principal mercado. Parece imposible para el RU retomar su soberanía plena sin desatar a los demonios dentro y fuera de su territorio, trayendo un efecto en cascada, lo que al parecer sería un gran triunfo y deleite para Boris Johnson, Donald Trump, Vladimir Putin y su incondicional Steve Bannon.