Pocas veces el estreno de una serie de televisión causa tanta controversia, como fue el caso de O Mecanismo (El mecanismo) en Brasil.

Detrás de la serie se encuentra Jose Padilha, director de Tropa de élite y productor de la popular serie de Netflix, Narcos. Al igual que esta última, que se basaba en situaciones de la vida real como punto de partida para contar historias del narcotráfico colombiano, en O Mecanismo, Padilha se basó en el escándalo de corrupción que envolvió al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva (mejor conocido como Lula), a Dilma Rousseff y a otro expresidente entre un centenar de empresarios y funcionarios.

La serie cobró doble polémica porque Lula está buscando nuevamente la presidencia como candidato de la izquierda para las elecciones de octubre. Lula habló de demandar a Netflix por dónde sea necesario y Rousseff publicó en Facebook una larga lista de desmentidos y diferencias entre la realidad y lo que retrata la serie.

Padilha, que vive en Los Ángeles, declaró entre risas, que celebraba la publicidad que los políticos le estaban haciendo a su serie.

Bajo el escudo de “Basado libremente en hechos reales” y el cambio de los nombres de todos los involucrados en el escándalo, la serie se centra en la investigación más grande de la historia judicial de Brasil, que fue conocida como Lava Jato (lavautos).

Para Padilha es un caso claro de cinismo político. En una entrevista al New York Times, dijo “Tenemos una serie en la que mostramos que estos políticos robaron miles de millones de dólares y ¿ahora les parece problemática una cita?”.

Aunque Lula fue declarado culpable de corrupción y su condena refrendada, aún intenta colarse a la boleta electoral de octubre mediante un amparo al Tribunal Electoral.

La polémica me recuerda una frase al inicio de una novela de Paco Ignacio Taibo II: “Cualquier parecido con la realidad es culpa de la realidad que cada vez está más rara”.

Al margen de las precisiones o imprecisiones de una serie dramática que nunca pretende ser un documental, la historia de O mecanismo parte de la teoría de Padilha de que sólo mediante la corrupción es posible avanzar en la política (o en los negocios, para el caso) en Brasil.

La historia se centra en el policía Marco Ruffo (Selton Mello) y su obsesiva investigación de Robert Ibrahim (Enrique Diaz), un amigo de la infancia que se dedica a lavar dinero para los políticos.

En la serie todos se llaman distinto: Ruffo está inspirado en un policía federal que llevó el caso en sus inicios. El equipo de Padilha se cuida de cambiar el nombre de Lula (aparece como Joao Higino), de Rousseff (aparece como Janete Russov), y de todos los demás involucrados. Hasta Petrobras aparece como Petrobrasil. Pero las referencias reales son evidentes y son asumidas como parte de su atractivo para el espectador.

Lo que no cambia es el retrato de una sociedad envuelta por la corrupción, desde el funcionario menor de alcantarillado, hasta los más altos niveles del país. Brasil aparece como un sitio donde la brújula moral es casi inexistente y donde para lograr la justicia se combina la buena fortuna, los accidentes, el ego de un juez heroico con complejo de culpa, y la voluntariosa lucha de policías a prueba de sobornos.

Nadie sale bien parado, ni el gobierno de la izquierda ni el opositor. Ibrahim, como eje del manejo de dinero ilegal, lo deja claro: “no importa quién gobierne, financiamos a todos y todos entran en el juego por igual. Nunca perdemos”.

La serie de Netflix es interesante (por momentos hasta apasionante) y por otros adolece de ingenuidad y simplificación, valiéndose una tramposa narración omnisciente de Ruffo para explicarnos cada paso y, al final de cada capítulo, que debemos concluir.

Durante abril se estrenó también la segunda temporada de 3%, que fuera la primera producción de Netflix en Brasil. Ésta transcurre en un futuro distópico donde 3% de la población privilegiada vive en una isla paradisíaca con todos los beneficios y lujos, mientras el resto vive en la miseria y la mugre.

Antes de sacar paralelismos con la desigualdad actual en Brasil (una de las mayores del mundo) y convertirla en otro tema de cariz político, la premisa de 3% es algo distinta. Seguimos El Proceso, una competencia de selección al que cada año tienen acceso todos los que cumplen 20 años para ver si son elegidos para vivir entre ese 3% en el paraíso “del otro lado”.

La premisa funciona como una mezcla de reality, Black Mirror y Los juegos del hambre. En cada episodio, los candidatos son sometidos a una prueba más difícil para determinar si merecen o no ser elegidos. Entre ellos hay colados, espías, saboteadores y jóvenes ingenuos e inocentes.

Los valores de producción son más cercanos a la serie B (en contraste, O Mecanismo tiene una superproducción), pero resultan muy amenos, y están sustentados en teorías y experimentos sociológicos extremos retratados con excesiva liviandad. Una trama simple con aroma a refrito y poco sorpresiva, pero que cumple con los valores de entretenimiento y se inserta en el popular género de la distopía juvenil.

Ricardo García Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).