El real brasileño se ha depreciado contra el dólar casi 14% en lo que va del año, observando cifras no vistas desde febrero del 2016 y alcanzando su máximo del año el 7 de junio. De igual forma, el índice bursátil Bovespa ha sufrido fuertes caídas, perdiendo 10.9% de su valor tan sólo en mayo y acumulando pérdidas de al menos otro 7% en lo que va de junio

Estos importantes ajustes se han debido a una suma de factores, principalmente políticos.

Por un lado, se encuentra la huelga de los transportistas, debido a las alzas en el precio del combustible, que frenó la economía por 10 días. Esta huelga tuvo como consecuencia pérdidas millonarias para los negocios, además de evidenciar la dependencia del país tanto del transporte vehicular como de los subsidios temporales al combustible.

Con la renuncia del CEO de Petrobras, después de la política de subsidios adoptada por el gobierno, la acción de la compañía perdió más de un tercio de su valor, afectando al mercado doméstico y a la moneda con una importante depreciación. Estos eventos, relacionados directamente con el aumento del precio del petróleo a nivel internacional, vienen después de la libertad que dio el actual presidente a la compañía petrolera a fijar los precios del combustible que se habían mantenido en gobiernos anteriores.

Por otro lado, hay una fuerte incertidumbre política debido a las próximas elecciones de octubre en Brasil. Los candidatos serán anunciados oficialmente hasta finales de julio, pero las encuestas de intención de voto muestran a dos extremos preponderantes, por un lado, Jair Bolsonaro de ultraderecha y, por el otro, Lula da Silva de izquierda. La incertidumbre política se agrava, ya que el candidato de izquierda, expresidente del país, se encuentra actualmente en prisión por delitos de corrupción y hay incertidumbre sobre la posible validez de su candidatura.

Como respuesta a las alzas del tipo de cambio, el Banco Central de Brasil emitió contratos swaps de divisas adicionales para evitar una mayor depreciación de la moneda, pero no parece haber tenido el efecto deseado.

En suma, la confianza de los inversionistas en la moneda parece haberse visto mermada ante la gran volatilidad y constante alza en inflación y tasas de interés en las economías emergentes en general.

Argentina

De igual forma, Argentina ha sufrido devaluaciones en su moneda desde enero, con un abrupto incremento en el tipo de cambio en mayo, acumulando una depreciación en el 2018 de casi 40 por ciento. Las tasas de interés del país están entre las mayores del mundo, actualmente en niveles de 40 por ciento. A pesar de que el índice bursátil Merval no fue tan castigado como el de Brasil, tuvo fuertes pérdidas en mayo y existen otros factores que de igual forma aumentan el riesgo de invertir en el país.

El ajuste en el mercado se dio después de un breve periodo de estabilidad durante los primeros años del gobierno de Mauricio Macri y tras la mayor apertura y dependencia del contexto internacional. Los incrementos de las tasas de interés de países como Estados Unidos así como un impuesto asignado a la renta financiera, después de un entorno increíblemente favorable para inversionistas, propiciaron una fuerte fuga de capitales que presionaron el tipo de cambio.

El Banco Central comenzó a ofertar fuertes cantidades de sus reservas de dólares, llegando a perder casi US5,000 millones, sin controlar la depreciación de la moneda.

Tras las importantes devaluaciones, el gobierno argentino acudió al Fondo Monetario Internacional (FMI) y acordó un préstamo por US50,000 millones con la finalidad de reabastecer el mercado de dólares y frenar la depreciación de la moneda.

La medida tuvo un efecto inmediato con un incremento de casi 4.0% del índice Merval, que se revirtió en los días posteriores.

Brasil y Argentina siguen pagando muy caro la factura generada por años de laxitud e irresponsabilidad en los ámbitos fiscal y monetario. La recuperación total de estas economías requerirá muchos años más de austeridad y sacrificios por parte de la población —si no quieren seguir el camino venezolano que lleva directo al abismo. El rescate del FMI a la economía argentina es igual de impopular y necesario. En México, bien haremos en anotar claramente estas dos lecciones. Con independencia de quiénes sean los ganadores en las próximas elecciones federales, se deberá cuidar estrictamente el balance en finanzas públicas y respetar totalmente la autonomía del banco central. La economía mexicana ha llegado a una cierta estabilidad y crecimiento que costó décadas alcanzar. Brasil y Argentina nos ofrecen una lección muy clara de la importancia de mantener un balance en las finanzas públicas, de otra forma, el costo en bienestar puede ser demasiado elevado para las generaciones futuras.

*Héctor O. Romero es director general de Signum Research y Alejandra Abarca es analista cuantitativa y bursátil.